viernes, 27 de noviembre de 2015

Envidia y codicia, los dioses de nuestro olimpo

Si la sociedad fuera consciente de que su pasado, presente y futuro dependen, en gran parte, de la actividad de un instinto o pulsión que se manifiesta a través de la ambición (o la codicia) y la envidia (o el resentimiento), sin duda alguna le daría toda la importancia que corresponde.
Es precisamente eso lo que intento a través del blogs y del libro ofrecido en él.
Cuando observamos el desastroso efecto de la corrupción de los gobernantes en el desarrollo de toda una nación y la proyectamos al resto de las naciones del planeta y descubrimos que el motivo clave para que ésta peste se extienda como una pandemia está en algún primitivo rincón de nuestro cerebro, cuya actividad la llamamos instinto o pulsión traducida a veces en la ambición o codicia, no podemos ignorar su tremenda importancia.
Vale exactamente la misma consideración cuando analizamos desde esta perspectiva el calentamiento global, con la contaminación por el uso de combustibles fósiles para sostener y aumentar la actividad económica como protagonista estelar. Actividad que tiene cómo base fundamental y fundacional a la satisfacción de la demanda de la ambición (codicia cuando no) de los empresarios por acumular y aumentar ganancias.
Se repite el protagonismo del instinto en otro fenómeno, tan importante como en los dos ejemplos anteriores, en el campo de las ideas populares. Fundamentalmente las que tienen que ver, nada más y nada menos, con la elección de nuestros gobernantes y el rechazo a aquellos que pertenecen a una determinada facción ideológica.
A esta lista se pueden agregar una infinidad de cuestiones que influyen decisivamente en nuestra vida en sociedad, entre ellas la lucha por la supremacía entre las naciones o la inviabilidad del comunismo.
Dicho esto, el lector seguramente comprenderá la importancia de estos fenómenos por lo que se impone una descripción y explicación de la manera en que el instinto, protagonista del blogs y del libro, a través de la ambición o, cuando no, la envidia, nos conduce para que se produzcan.
Veamos.
Todos comprendemos que el capitalismo es el motor de la actividad económica y también comprendemos que sin emprendedores empresarios, los negocios y las empresas difícilmente existirían, y sin ellas tampoco tendría lugar el capitalismo.
También damos por entendido que los emprendedores y empresarios son estimulados por la "egoísta" ambición de ganar dinero.
Hasta acá, la sabiduría convencional considera la cuestión, pero no la profundiza. Pero de esa profundización depende la acabada comprensión de un tema tan importante como este.
Esa es mi intención.
El instinto descripto una y otra vez acá, se caracteriza por presionarnos para que los demás adviertan la presencia de nuestro ego, que superemos al otro, compitamos por quien es mejor en lo que consideramos importante en nuestra vida. Por ejemplo quien tiene la mujer o el novio más bella o bello (o más rica otras veces sin importar mucho su belleza), quien la casa más linda, quien el coche más lujoso, quien tiene más dinero y un largo etc.
Cuando sentimos la presión del instinto, por ejemplo cuando vemos a un conocido y potencial "competidor", conduciendo un caro coche de alta gama de difícil acceso dada nuestra condición económica, nuestra psiquis busca mecanismos que permitan mantener un equilibrio emocional o psicológico ante la situación de inferioridad.
Lo típico es resaltar algún defecto del "competidor" para "igualar posiciones". Por ejemplo, "tendrá ese coche pero porque es corrupto" o cuanta debilidad pueda encontrársele (siempre se debe recordar que son procesos subconscientes)
A partir de este punto y eficaz adaptación de por medio, la vida continúa sin trastornos, en un sano equilibrio emocional.
Muchas veces, esos mecanismos psíquicos de adaptación no son tan fáciles de lograr y el resultado de estas circunstancias es una continua ( más o menos intensa) e inconsciente presión sobre el individuo para que iguale o supere si es posible, en este caso al hipotético poseedor del coche de alta gama.
Cuando se consigue la meta de "superar al oponente" el instinto premia al sujeto con una sensación de placer muy efectivo y muy satisfactorio.
Así en el ámbito económico, el emprendedor, inconscientemente, compite. No es la búsqueda de una mejor calidad de vida lo que lleva a dedicar tantas horas de trabajo para acumular más y más dinero. La mayoría de los emprendedores exitosos, cuando encuentran en su haber cantidades de capitales suficientes para vivir perfectamente el resto de su vida, la de sus hijos y nietos, no se detiene. Continúa y a menudo acelera la marcha. El objetivo que en teoría era ganar dinero para tener "asegurado el futuro", cambia y se descubre tal cual era desde el principio: competir y ganar el premio que nuestro instinto, mediante endorfinas euforizantes, nos brinda cuando consideramos que estamos ganando, o mejor, cuando sentimos que somos ganadores.
Que pertenecemos al grupo de "los ganadores".
Se debe entender claramente que sin la presión de este instinto, el mundo en que viviríamos sería tan diferente como aquel que uno puede imaginar sin la existencia del, nada más y nada menos, capitalismo.
Menos aún veríamos esa "loca" competencia por tener más y más, sumando a veces miles de millones de dólares (que debe dar un inmenso placer cuando se consigue aparecer en la revista Forbes).
Finalmente, y lo más trascendental de este análisis, es que como consecuencia de este fenómeno tenemos el mundo que tenemos. Tecnologías, y más tecnologías (útiles o contaminantes y destructivas, da igual).
Capitalismo, bueno o malo, pero inevitable.
Si bien sabemos claramente que a la ambición le sigue el capitalismo y a este el mundo que nos toca vivir, entonces ¿cual es la novedad en este escrito o análisis?
Lo explico. La sabiduría convencional considera a la ambición como una característica propia de algunas personalidades que no necesariamente se encuentran en otras, motivo por el cual no pertenece al ámbito de los instintos. Es decir, simples características de la conducta o carácter que existen en algunos individuos, sin que necesariamente deban estar presentes en otros.
Aquí está la trascendental diferencia con lo expresado en este blogs y es que en realidad es una característica de todos y las consecuencias de este hecho son definitivamente determinantes en nuestra vida en sociedad.
¿Como es esta cuestión?
Continúo. Si fuera únicamente una característica típica de la conducta de algunos individuos (y no de todos) la ambición (o la codicia otras veces) y la necesidad de competir con otros, entonces no veríamos ningún motivo para que nuestra psiquis busque invariablemente mecanismos de adaptación para no sucumbir ante la sensación de inferioridad cuando vemos que alguien nos supera en algo que nos interese.
No formaría parte de nuestras vidas nada más y nada menos que la "chusma", por ejemplo.
Que no es otra cosa que un eficaz mecanismo para desacreditar a aquellos que podrían ser mejores que nosotros en el ámbito que sea de interés en dos o más interlocutores.
Es decir, todos sin excepción somos ambiciosos (o su contra parte, envidiosos)
Si bien puede ser novedoso descubrir esta faceta instintiva  de la ambición y la envidia (tan trascendental para la vida de los pueblos) podría quedar en el anecdotario de la Literatura, sino fuera porque es crucial en el desarrollo de nuestra historia social y económica, como es el caso del trascendental campo de las ideologías populares predominantes (explicada su importancia, sumado a los efectos de la cultura, en otras entradas).
También explica con seguridad el fenómeno de la corrupción política el hecho de pertenecer a un instinto y no a una conducta presente solo en algunos individuos en particular.
Por tanto, vale continuar el análisis presente y sus consecuencias.
Para que se entienda cabalmente la importancia de no considerar a esta faceta humana como una simple característica de la conducta y el carácter de ciertas personalidades, reflejada en la ambición, debo explicar con claridad la otra cara de este complejo instinto.
Esta cara se expresa a través de la envidia y cuando no, el resentimiento e incluso el odio.
Como en el ejemplo del vecino o conocido con el coche de alta gama, si no es posible encontrar un mecanismo efectivo de adaptación desacreditando al afortunado, aparece la envidia.
La pregunta obligada es ¿que importancia política puede tener que seamos envidiosos, más allá que nos incluya a todos al pertenecer a un instinto?
La respuesta es simple. En todas las sociedades son mucho menos los afortunados, los ricos, la famosa elite, "la corpo", que los que componen el grueso de la comunidad, es decir las clases medias y pobres.
Inconscientemente, estos sectores sociales son presionados por acercar posiciones respecto de los más afortunados, superarlos si es posible (meta lograda en los regímenes comunistas) y un eficaz método para satisfacer esta presión es adoptar las ideas que propongan distribución de la riqueza, estatización del arma madre de los ricos, es decir, de las empresas y otras tantas promesas del espectro ideológico de la izquierda.
Eh aquí el verdadero motivo porque las mayorías son socialistas o radicales o peronistas o del nombre que sea le den al partido.
Si no alcanza con estos ejemplos prácticos de la importancia de la incidencia de la acción del instinto, me voy a detener en un caso de mucho interés general: la corrupción.
El impulso protagonista acá actúa típicamente estimulando a los individuos a superar a los que estén en su ámbito de competencia cuando no lograron mecanismos efectivos que compensen la insoportable sensación de inferioridad. Uno de los muchos caminos a elegir es el de la actividad política y la elección clásica es, obviamente, una agrupación política que prometa acercar a los de abajo con los "malditos" y "explotadores" empresarios capitalistas. Si hay una posible revolución de por medio, mejor aún.
A este proceso, le sigue la llegada a algún puesto de poder y en este punto, el impulso deja de presionar para igualar y comienza a presionar para superar. Se comienza a expresar la ambición y la codicia dejando atrás a la superada posición de envidia.
En un marco cultural subdesarrollado, el instinto se encuentra de pronto sin nada que ponga límites a la competencia, todos pueden ser superados o pueden superar al otro al disponer del dinero público para ser usado a discreción.
Si no pueden detener la presión que ejerce su instinto,  comienza, ni bien llegado al poder, a competir con quien tenga al lado.
Si alguno tiene un vehículo 4 x 4 éste querrá un 4 x 8. Si otro tiene un campo, éste querrá una estancia. Si "fulano" tiene un piso en Recoleta, éste querrá uno en Puerto Madero. Y así hasta acumular y competir por hasta miles de millones de dólares.
Es por eso qué la corrupción se generaliza en sociedades con culturas incapaces de reaccionar y defender el interés general (por ejemplo negando el voto a cualquier sospechado de corrupto).
Y se generaliza porque la envidia y la ambición no se encuentra en algunos individuos con determinadas características psicológicas o de carácter, sino en todos y cada uno de nosotros que ante determinadas circunstancias se expresa en más o en menos.
La idea central de esta entrada es que cada vez que se realiza un análisis político se tenga presente esta faceta del homo sapiens sapiens.
Y se la tenga en cuenta sin excepción alguna porque se trata de la acción de un instinto y como tal no podemos evitar su accionar.
No podemos ignorarlo como no podemos ignorar el instinto sexual si deseamos planificar políticas donde éste instinto tenga interés. No podemos, por ejemplo, proponer una política demográfica que impida la actividad sexual, cualquiera sea ésta. El fracaso está garantizado.
Exactamente lo mismo sucede con las políticas que ignoran al instinto tratado en esta entrada y un ejemplo paradigmático donde se intentó políticas que contradicen los mandatos del instinto es el comunismo (por ignorar su existencia) y los resultados están absolutamente a la vista de todos.
Es imposible evitar la incidencia del instinto en cualquier política y por tanto, ignorarlo hace caer, necesariamente en errores que pueden ser catastróficos.
Las políticas que lo ignoraron y fueron exitosas es por la sencilla y azarosa razón de que no la contradicen.
Si a nadie se le ocurre implementar políticas que puedan contradecir los mandatos del impulso sexual, de la misma manera deben evitar políticas que puedan contradecir el impulso evaluado en esta entrada.
Así como el comunismo inevitablemente fracasa por querer abolir la competencia económica anulando la acción del instinto, también fracasará el socialismo no colectivista en un ámbito cultural individualista al no haber un contrapeso institucional que impida al instinto la generalización de actos de corrupción.
Es por este elemental motivo que fracasan todos los planes distribucionistas y estatistas en latinoamérica.
Es también por la inevitabilidad de la actividad del instinto que no podemos detener la continúa búsqueda de más ganancias mediante la utilización de combustibles contaminantes y cualquier política que intente controlar la contaminación, si ignora está faceta de la humanidad estará condenada al fracaso.
Espero se entienda su importancia y para aquel que quiera profundizar su conocimiento lo invito a leer el libro ofrecido en este blogs.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Envidia y codicia, dos armas destructivas

El instinto o pulsión protagonista de este blog es como una moneda.
En una cara está la codicia y en la otra la envidia.
La presión del instinto por superar al otro se manifiesta con mayor asiduidad en el ámbito económico y cuando es muy intensa deriva habitualmente en la codicia.
La codicia es la responsable de la audacia que vemos cuando los "emprendedores" se animan a incursionar en negocios en tierras hostiles, como medio oriente para dar un ejemplo muy actualizado en cuanto a conflictos se refiere.
En la otra cara, la envidia es el resultado de la presión del instinto por evitar que los que nos superan no saquen más ventajas y de ser posible igualarlos. Cuando este proceso se descarrila surge la envidia y cuando las diferencias son abismales, deriva en el resentimiento y el odio.
Una clara consecuencia de este fenómeno es el extremismo y de nuevo, un ejemplo muy actual es el fundamentalismo islámico.
Siempre debe recordarse que son procesos absolutamente subconscientes y que el instinto dispone de una herramienta que lo hace fluir y funcionar con una efectividad envidiable. Está herramienta se llama razón instrumental a su servicio.
Es ésta "razón" la que se encarga de buscarle al instinto excusas que la hagan avanzar y afianzarse en sus objetivos.
Es por este motivo que los envidiosos patológicos como ésta gente siempre tiene una excusa y esta excusa siempre la encuentran en la codicia del oponente.
Esta moneda es la responsable de cuanta catástrofe haya experimentado la humanidad.
La segunda guerra mundial por la supuesta superioridad aria más el resentimiento hacia el exitoso comerciante judío y la guerra actual por la codicia del empresario occidental y la enferma envidia del desafortunado islámico son dos ejemplos de los muchos que podemos encontrar en la historia y en la actualidad.