martes, 16 de mayo de 2017

La cuestión robótica.

Los informes sobre la cuestión de la robótica y el reemplazo de la mano de obra, siempre hacen incapie en la necesidad de tomar medidas precautorias ante la aparente e inevitable desocupación que traerá aparejado y la crisis humanitaria consecuente.
Si bien el capitalismo siempre se las ha arreglado para ir reemplazando conflictos con soluciones provistas por el azar y la propia dinámica del sistema, el término azar obliga a tomar recaudos y analizar los riesgos.

De hecho, el sistema asume de antemano que los empresarios continuarán dejando para sí todos los beneficios de éste adelanto tecnológico y que el homo sapiens está eternamente condenado al sacrificio del trabajo. Por tanto es esperable que la crisis puede presentarse con fuerza.
Pero si alguna vez el hombre progresa lo suficiente como para controlar la codicia y la ambición consecuente de la acción de primitivos instintos que nos conduce inevitablemente al capitalismo y la competencia, sistema imperante éste resumido comúnmente con la frase: la egoísta ambición de obtener ganancias que finalmente redunda en beneficio para todos a través de la actividad empresarial que dirigidos por la mano invisible de Adam Smith se encarga de satisfacer la demanda del consumidor, entonces los beneficios de la automatización debería ser una gran oportunidad para toda la humanidad.
Oportunidad de librarnos de la cadena natural de la obligación de trabajar para obtener nuestro sustento. Esa obligación que compartimos con todas las especies de animales obligados también a la búsqueda incansable de medios de subsistencia. Desde la trabajadora hormiga al paciente león.
Caso contrario, se reducirá a aumentar drásticamente las ganancias empresarias  mientras reduce proporcionalmente las posibilidades de la clase trabajadora.
El tiempo dirá si se impone la razón mediante una justa distribución de la riqueza y la reducción lógica de las horas de trabajo si el empresario entiende que los avances tecnológicos deben estar al provecho de toda la humanidad, o si finalmente se seguirá imponiendo la codicia que considera  que los avances están reservados​ para uso de los que en ese momento gozan del poder suficiente para adueñarse de sus beneficios potenciales a costa del irracional sacrificio del resto de sus conciudadanos.
Si se impone la opción descrita última, entonces significará que nuestros instintos o pulsiones que se manifiestan a través de la egoísta ambición y la codicia seguirán dominando nuestras decisiones más importantes en nuestra vida económica y social.
Si alguna vez logra imponerse la razón, entonces nos esperará una vida con escasas horas de trabajo y muchas de disfrute con la familia o como se nos ocurra.
Advirtiendo e insisto en advertir que toda vez que la razón intenta influir en las decisiones que tiene asignado el instinto de competencia, puede derivar en consecuencias catastróficas como las ya experimentadas con el comunismo.
Veremos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Razón vs Instinto, la última batalla

En la entrada "instinto y calentamiento global" se intenta remarcar la decisiva
importancia de la inevitable competencia, capitalismo mediante, a la que nos conducen nuestros instintos que hacen inviable cualquier posibilidad de imponer a la razón o sentido común en la toma de decisiones que puedan revertir el macabro destino que nos depara si es cierto lo que pronostican la mayoría de los especialistas en medio ambiente.
¿Si todos sabemos ésta realidad, por qué es tan difícil hacer algo efectivo que revierta definitivamente la situación del enorme riesgo en que se encuentra el planeta con todos sus habitantes incluidos?
La respuesta: porque​ no es la razón la que conduce a la humanidad sino nuestros instintos o pulsiones.
Dada la importancia decisiva puede tener esta cuestión más tarde o temprano y dada la absoluta originalidad de éste enfoque, creo necesario explicar de la manera más clara posible los conceptos que concluyen en lo expresado.
Obsérvese que sencillo es evidenciar esta realidad.
El motivo central del calentamiento está en el uso intensivo de energías​ no renovables .
Y el uso intensivo de energía es el "combustible infaltable" para el funcionamiento del capitalismo y el mercado consecuente.
Y el capitalismo es consecuencia de dejar actuar a la egoísta ambición que finalmente redunda en beneficio para todos ¿recuerda?.
Egoísta ambición que no es otra cosa que la traducción del mecanismo de acción de un primitivo instinto que nos presiona para que los demás adviertan la presencia de nuestro ego, habitualmente mostrando superioridad económica.
El impulso generado por este mecanismo instintivo, lleva a que gran parte de los individuos busquen destacar su ego a través de la actividad empresarial.
Y el empresario no hace otra cosa que tratar de satisfacer la demanda del consumidor a través de la oferta.
Oferta y demanda que funciona, según la sabiduría convencional, mediante el eficiente andamiaje generado por la maravillosa mano invisible de Adam Smith.
Mano invisible que nos asegura que el empresario, competencia mediante, obtendrá la ganancia justa mientras se encarga de satisfacer nuestra demanda.
Competencia necesaria no solamente para la subsistencia empresaria sino también para satisfacer su ego (objetivo prioritario la más de las veces).
¿Qué más razonable y lleno de sentido común que ésta teoría y que tan buenos resultados les ha dado a los que la han practicado, respetando sus reparos y exigencias, para obtener los máximos beneficios de ella esperada?.
¿Cómo creer que no es la razón la que nos conduce si es absolutamente "lógico" pensar que si lo que moviliza la economía es la ambición humana, entonces cómo no dejarla actuar a través de un andamiaje emplazado por el sistema de oferta y demanda mientras una adorable mano invisible nos señala dónde, cuánto y cuándo producir los bienes que el consumidor demanda a través de un sistema que garantiza una competencia saludable?.
¡Genial!
Hasta que nos topamos con un inconveniente que requiere su inevitable resolución.
El inconveniente consiste en que la satisfacción de la demanda requiere producción con el consumo de energía consecuente y con él, calentamiento global y su terrible consecuencia, la destrucción del planeta tal cual lo conocemos hoy.
Lamentablemente, este inconveniente nos obliga a revisar el método y buscar respuestas para que pueda ser controlado y de esa manera tener a mano las herramientas necesarias para evitar una​catástrofe de semejante envergadura.
Si el sistema que nos rige estuviera conducido por la razón humana y su voluntad, modificar el sistema imperante debería ser muy sencillo ya que su continuidad nos lleva inexorablemente a la destrucción del medio ambiente, por lo que no debería haber problema alguno.
Sin embargo, al poner de motor de la economía a un impulso humano expresado a través de la ambición o codicia, estamos aceptando y dando la responsabilidad de conducirnos a una pulsión.
A un primitivo instinto no muy diferente de los que conducen a otras especies animales (muchas de las cuales ya se han extinguido al fallar sus instintos de supervivencia ante las nuevas circunstancias ambientales que se les fueron presentando).
La respuesta puede ser extraordinariamente compleja de ofrecer ya que hemos puesto toda la responsabilidad en la organización económica a un instinto y no a la razón.
Como la economía mundial (recordar que el mundo entero basa su producción económica en el capitalismo a excepción de Corea del Norte y Cuba) no es conducida por la razón mediante la elaboración de planes económicos bajo su control y dirección, sino que le hemos dejado toda la responsabilidad a un primitivo mecanismo instintivo a través de la búsqueda de destacar el ego mediante la producción de bienes y dado que todos estamos presionados para destacar nuestro ego, la manera inevitable de hacerlo es compitiendo con los demás.
Y como el mundo comparte el mismo sistema económico, la competencia es global.
Por tanto hay que buscar un mecanismo que restrinja la competencia global, es decir, un mecanismo que controle o impida la acción del instinto en todos los rincones del planeta.
Se deberán poner límites a los avances y producción de determinados bienes o servicios, y se deberá limitar el uso de determinados generadores de energía independientemente de sus costos, y lo más difícil, tiene que ser en todo el mundo (Apple, por ejemplo, no puede restringir la actualización de sus móviles cada 5 o mejor 10 años mientras Samsung no lo haga también)
Si algunos hacen caso omiso, se encontrarán con enormes ventajas que querrán aprovechar si la razón no logra imponerse allí.
Hoy está al alcance una tarea de semejante magnitud si se limita el plan a un país y que ese país sea uno altamente desarrollado donde se ven claras muestras de la actividad de la razón en su organización social como los casos de Suiza o Noruega por nombrar algunos pocos de esta lista.
En la mayoría de los países, hoy esa meta es imposible lograr.
Y mucho más lejana está la posibilidad de hacerlo a nivel global.
Y lo que agrava aún muchísimo más el problema, es que la experiencia previa dónde se intentó controlar al instinto que se traduce en ambición, competencia y finalmente desigualdad, resultaron en rotundos e inevitables fracasos con las experiencias comunistas rusa y china como paradigmas.
A pesar de ello no puede haber dudas que de presentarse la crisis climática, la conducción de la economía deberá dejársela a la razón, pero por lo conocido a lo largo de toda nuestra historia, el bando de los instintos resistirá hasta el último aliento.
Es evidente que estaremos ante la presencia de una probable última batalla, la de la razón vs los instintos.
Y hoy, el ejército de los últimos llevan ventajas casi inalcanzables.
Debemos comenzar a buscar quienes quieran unirse a nuestro ejército, el de la razón.

domingo, 21 de agosto de 2016

Presento a Zaratustra, el protagonista del blogs y del libro

¿Alguna vez experimentó una grata sensación placentera al superar a sus competidores en cualquier actividad que recuerde?
Si es poseedor de un coche deportivo y ante cualquier circunstancia se ve al lado de otro conductor con un coche de características similares ¿percibió cuán agradable sería competir una pseudo carrera callejera de cuarto de milla y ganarla?
Cuando ve a un conocido con un coche de alta gama ¿sintió la necesidad de desacreditar al poseedor para no experimentar una desagradable sensación de inferioridad?
¿Se dio cuenta que en diálogos cotidianos es frecuente encontrar defectos a alguien que es mejor o más rico que los que intervienen en la charla?
¿sabe ud cual es el motivo de fondo por el cual detesta al funcionario corrupto millonario?
Si se destaca en alguna actividad, laboral o deportiva y asiste a una reunión donde usted es uno o el más destacado ¿experimenta una sensación placentera al ser reconocido como tal?
¿Tiene o tuvo fantasías donde usted es el "mejor" en ella?
¿Cree que sentiría placer estar en una reunión o evento con otros individuos exitosos en alguna actividad donde usted es el mejor?
Si tiene un coche de alta gama ¿le agrada concurrir a cualquier lugar sea y sentir que lo están observando y suponen que es usted una persona exitosa?
¿Le genera alivio y satisfacción saber que su hogar es de un nivel similar o mejor que el de sus conocidos o amigos cercanos?
¿Percibe que no se sentiría a gusto entre individuos que superan ampliamente su posición social?
¿Recuerda sentir gran satisfacción y placer paseando con su atractiva novia porque sabía que generaría admiración?
O al revés ¿sintió algo parecido a la envidia o al repudio ver a un conocido con una novia muy bella?
¿Recuerda alguna vez siendo niño haber discutido con un compañerito por quien tenía el pariente más rico o más famoso?
¿Siente que desearía tener mucho dinero sin que la razón de ese deseo sea para satisfacer una necesidad real o calculada para algún efecto, sino más bien para algo que no podría describir pero que sin dudas le proporcionaría gran placer?
¿Se preguntó alguna vez por qué "ese" individuo dedica tantas horas a una actividad generalmente relacionada con los negocios, llegando incluso a lo que puede identificarse como una vida de sacrificio, sin que haya necesidad?
O se preguntó ¿para qué quiere más dinero, si ya tiene lo suficiente como para él y diez generaciones más?
¿Le llamó la atención ver cuanta pasión, llegando a veces a extremos que llevan a la agresión, los "hinchas" de un equipo de fútbol expresan en un partido sin que haya una explicación razonable que lo justifique?
¿la alegría enorme que despierta ganar el partido, o en su defecto, la tremenda tristeza cuando pierden?
¿Se preguntó alguna vez por qué alienta con pasión en un evento deportivo a alguien que ni siquiera conoce pero sabe que es de su nacionalidad o provincia?
¿Por qué los "lázaros" y sus jefes políticos roban tanta cantidad de dinero aunque ello significa la desgracia de cientos de miles de individuos, sin que exista una explicación posible para esa orgía de corrupción, poniendo en riesgo a sus propios hijos inclusive?
¿Creé usted que no es la enorme satisfacción que le genera sentirse líder el motivo que hace que los individuos que ocupan esa posición social toleren años y años de estrés y miles de dificultades que difícilmente pueda considerarse racionalmente una vida feliz y aún así insistir en perpetuar esa posición aunque sus vidas estén en riesgo?
¿Se preguntó alguna vez de dónde proviene la codicia o la envidia?
¿Sabe ud que la "egoísta ambición de ganar dinero" no es para superar su propia situación sino para tener más que los otros?
¿Y que la ambición es a su vez el "alma" del capitalismo?
¿Y que la envidia, el "alma" del socialismo, sea ésta idea justa o no?
¿Creé que existiría el mundo que tenemos si el homo sapiens no fuera "ambicioso"?
Si experimentó una o varias de éstas circunstancias o sensaciones o se hizo alguna pregunta de las expuestas, usted estuvo ante la presencia de Zaratustra.
Zaratustra, el protagonista de este blogs y del libro "Razón vs Instinto, la última batalla".
Un instinto, que desde un primitivo rincón del cerebro nos presiona para que los demás adviertan la presencia de nuestro ego, por igualar o superar al otro para no experimentar una ingrata sensación de inferioridad, y si cumplimos la meta, obtener el premio que él nos brinda liberando endorfinas euforizantes que se traduce en momentos de congoja y alegría al sentirnos el mejor, que pertenecemos al famoso grupo de los "ganadores".
Experiencias que tienen como consecuencia, a través del encadenamiento e interacción de pequeños e imperceptibles millones de actos movidos por el instinto que llevan a, por ejemplo, que unos quieran destacarse dando origen a los ambiciosos que se esfuerzan por aumentar sus capitales y ganancias hasta que descubren que existen otros más afortunado que ellos y deciden redoblar sus esfuerzos para no verse inferiores y superarlos si es posible, hasta que, de pronto, descubrimos que estamos ante la presencia de nada más y nada menos que del capitalismo (competencia a través de un mercado)
Ese fenómeno que todo nos da y provee.
Tecnologías que pueden curar enfermedades gravísimas como otras contaminantes que ponen en riesgo la salud de todo un planeta con sus habitantes incluidos.
Competencia entre empresas y con el inevitable compromiso en esa competencia, de las Naciones.
Competencia que los inmiscuye en tierras hostiles desesperadamente pobres  despertando "pasiones" que llegan a extremos del resentimiento y el odio expresadas en los movimientos terroristas.
Competencia que si necesita acudir a la explotación de pueblos incapaces de organizarse para oponer resistencia eficiente, lo hace sin dudarlo un instante.
Competencia por quien es el "mejor" al extremo de llevar a individuos a pagar millones de dólares por el calzón de una famosa prostituta sin que le "mueva un pelo" la miseria de millones de indigentes.
Ver cómo una rareza la decisión absolutamente "razonable" de un magnate donar sus riquezas dejando lo suficiente a su herencia para asegurar una vida digna.
Si descubre que lo que moviliza al homo sapiens y, en consecuencia, al mundo, es un instinto primitivo (animalidad) y no la razón (humanidad), encontrará un "nuevo mundo".
Vale mencionar que el desconocimiento de este instinto o pulsión lleva a que cada vez que deben referirse a él, lo vemos expresado con el nombre genérico de "naturaleza humana" (se entiende las diferencias que significan conocer con deficiencia o desconocer por completo a un factor clave como éste cada vez que se analice alguna cuestión relacionada con este fenómeno).
Navegue por las entradas del blogs, o mejor aún, lea el libro y descubrirá nuevas ideas y también cuán diferentes en muchísimas cuestiones, son las conclusiones a las que pueden llegarse con o sin el conocimiento de Zaratustra.