martes, 24 de mayo de 2016

Instinto y calentamiento global

Como es de conocimiento general, la contaminación ambiental, aparentemente, está haciendo estragos en el planeta y todos los intentos por detener ésta verdadera plaga parecen fracasar unos tras otros.
Y seguirán fracasando si se parte desde el desconocimiento o ignorancia de conceptos absolutamente decisorios del destino de la humanidad.
Me refiero a la ignorancia del instinto protagonista del blogs y del libro ofrecido en él.
¿por qué?
Porque es este instinto el que toma las decisiones que finalmente definen nuestro destino.
La razón, la humanidad, no hace más que acompañar este proceso y, cuando puede, aconseja, regula hasta donde le es posible, a veces pone algunos límites y tal vez algo más, pero no mucho más.
La prueba irrefutable de estas afirmaciones se llama "capitalismo".
Todos, con algunas pocas excepciones, ya tenemos conciencia que ir en su contra es una misión imposible, el fracaso está garantizado.
Rusia, korea del Norte, China, Cuba, Venezuela y otros tantos lo certifican.
Reconocer que es imposible otra forma de organización económica que no esté basada en el capitalismo es exactamente lo mismo que reconocer que no es la razón la que finalmente toma las decisiones definitorias.
Sin duda alguna, es el instinto o pulsión que nos obliga a competir el que tiene la última palabra.
¿No es acaso mucho más razonable intentar otra forma de organización económica que asegure la distribución de los alimentos y demás recursos básicos a toda la población del planeta y eventualmente, dejar que el excedente se reparta según como lo decida cada comunidad?
¿Y qué además de por segura la estabilidad climática?
Podría sumar cientos de exigencias más a cualquier plan económico que se digne mencionar a la razón como su verdadera autora y ejecutora.
Sin embargo, ya nadie duda, solamente aquellos beneficios humanitarios que estén enmarcado dentro del normal funcionamiento del capitalismo es posible conceder.
No puedes salirte de ese cerco porque no solamente no obtendrás el resultado buscado, sino que seguramente terminarás peor que al principio.
Como todos sabemos, el capitalismo es sinónimo de competencia, el que se queda atrás pierde y desaparece.
Ceder ventajas en esa competencia sin dudas puede llevar a la ruina y una de las ventajas que nadie puede darse el lujo de dar es en el uso y costo de la energía.
Por tanto, en el marco del capitalismo, el uso intensivo de la energía más barata posible es inevitable (a menudo vemos cómo los gobiernos festejan descubrimientos de nuevos yacimientos en un contexto global de crisis climática por el uso de los mismos, una flagrante contradicción).
Pero si no podemos evitar el capitalismo ¿que hacemos?
Antes que nada, no desconocer este principio fundamental en la historia, presente y futuro del hombre. Me refiero al dominio de los instintos sobre la razón y el capitalismo como su consecuencia.
Sin embargo, sí está demostrado que pueden ser reguladas las consecuencias del accionar del instinto, es decir, del capitalismo y una clara muestra de ello lo dan las experiencias de los países que practican las políticas del bienestar. Me refiero a Noruega, Suecia u Holanda entre otros.
Países donde reconocen la inevitabilidad del capitalismo pero logran altos índices de distribución de la riqueza basados en una alto grado de organización social que compensa la quita de competitividad de las empresas resultante de la merma en las ganancias por la elevada presión fiscal.
Finalmente, es evidente que las palabras que significan mayor posibilidad de control de la contaminación (en definitiva, del capitalismo) son: organización social.
Lamentablemente, la mayoría de los países del planeta (que inevitablemente intentan competir) carecen de esta capacidad para organizarse socialmente.
Y como el capitalismo exige una competencia global, la solución deberá adecuarse a esta realidad.
Los países organizados no pueden darse el lujo de utilizar energía no contaminante mientras otros disfrutan de energías mucho más baratas.
Alemania, Japón o USA, por ejemplo, no pueden perder competitividad usando energías renovables y más cara, mientras China no lo haga.
Es en ese marco el que deben discutirse las soluciones. Ignorar esta realidad, seguramente hará que cualquier plan que se intente fracase.

domingo, 15 de mayo de 2016

Cultura, instinto y dominación extranjera

A través de la entradas y el libro de este blogs se descubre la enorme importancia de dos protagonistas en la organización y desarrollo de las sociedades.
Me refiero al instinto que nos presiona por competir con los demás y a la cultura de los pueblos (en especial la cultura cívica).
El instinto que inevitablemente deriva en el capitalismo (nuestro verdadero rey) y la cultura que define hasta donde somos capaces de auto organizarnos eficientemente.
Definitivamente, los pueblos con culturas que hacen proclives a los ciudadanos a cumplir con las normas y reglas y los predispone a creer en el bien común, llevan enormes ventajas que se traducen en instituciones eficientes.
Ya nadie duda que cuanto más eficientes las instituciones, todo funciona mejor (economía, educación, justicia, etc.)
En contraposición, los pueblos con culturas que solamente consideran de interés lo que sucede en su ámbito personal y familiar mientras todo aquello que trascienda ese espacio, o no le dan importancia alguna o incluso consideran un obstáculo a sus intereses personales (pago de impuestos por ejemplo), tienen enormes  dificultades para conseguir instituciones eficientes.
En este momento entra en el juego la otra pata del título de la entrada: dominación extranjera.
¿Como?
Fácil, el instinto que nos presiona por competir o superar al otro lleva inexorablemente a lo que se conoce como destrucción creativa, se elimina o se cambia lo viejo o usado por lo nuevo y más eficiente.
Más eficientes métodos de creación de riqueza y por tanto, de poder.
Los pueblos con organización más eficiente, obviamente, tienen muchas más posibilidades de alcanzar el ámbito óptimo para destruir y crear o desarrollar, por lo que es razonable esperar que las diferencias se incrementen.
Los países desarrollados hoy son mucho más organizados y más ricos que los del mundo subdesarrollado que hace pocas décadas atrás.
Mientras tanto, el instinto sigue actuando e influyendo y el capitalismo sigue generando creaciones ya que la competencia no es posible detenerla.
Al instinto, no hay razonamiento alguno que lo detenga cuando no hay instituciones capaces de modularlo o regularlo.
Y en el ámbito de la política internacional, pocos dudan que lo que impera es lo que se conoce como "realismo".
Que es lo mismo que decir: impera la ley del más fuerte.
Por tanto, si alguien con escaso poder puede ser avasallado por el más fuerte, no hay institución, lógica o razonamiento alguno que se interponga (ONU, OEA, etc están "pintados").
Estos conceptos adquieren especial relevancia cuando se discuten políticas que buscan prevenir la injerencia extranjera en los asuntos internos.
Generalmente se acude a los postulados de las ideas de izquierda con preponderancia en las simpatías de las mayorías y siempre asociadas al nacionalismo.
Como aclaro en varias entradas, las políticas de izquierda en pueblos con culturas individualistas como la nuestra (poco apegadas al cumplimiento de las normas y reglas) están condenadas a la desorganización permanente y, por tanto, a un fracaso tras otro.
Por ello, en vez de disminuir las posibilidades de ser sometidas al dominio de las voluntades extranjeras, las aumentan.
Conclusión, si te preocupa el riesgo de padecer la dominación extranjera, no busques en las ideas estatistas o socialistas el método adecuado.
Busca que formas te pueden llevar a una eficiente organización social donde la destrucción creativa sea una realidad.
Mientras ello no suceda, los Ford, los Carrefour, los City Bank, los Android, los Siemens, los Monsanto, los Barrik Gold y los miles de etcéteras seguirán decidiendo y dominando tu futuro.
Aquellos países que han logrado organizarse eficientemente y han logrado un estado apto para la destrucción creativa son los que adquirieron "armas de dominación" capaces, no sólo de defenderse, sino también de ir a la conquista (las corporaciones internacionales son las verdaderas armas del presente mientras el poder militar sólo cuenta para tácticas de apoyo ocasionales)
Dos ejemplos paradigmáticos, Korea del Sur con Kia y Sansung y España con Repsol y Telefónica entre otras.
Estados que hasta hace poco discutían una y otra vez como evitar ser dominados, con políticas cerradas y nacionalistas de por medio.