martes, 31 de diciembre de 2013

Un instinto y la Argentina

En el libro que da origen al nombre de este blog y que está a disposición de todos aquellos que lo visiten puede descubrirse en profundidad un instinto o pulsión de vital importancia para nuestra vida en comunidad.
Básicamente es un impulso que brega para que los demás adviertan la presencia de nuestro ego, por sentirnos superiores a los que nos rodean cotidianamente o al menos evitar ser considerado inferior a los demás. Probablemente asociado a un complejo mecanismo de supervivencia que debe evitar ser superado por un eventual oponente que pueda poner en riesgo nuestra continuidad como ser viviente y especialmente como portadores de un genoma que nos da vida para perpetuarse. Se entiende que si no existiese un mecanismo que nos haga reaccionar ante una situación de clara desventaja sería muy fácil para aquellos que logren diferencias deshacerse de cualquier ente viviente que les signifique un mínimo riesgo. De hecho los humanos hemos logrado ventajas enormes que pone en serio riesgo a cualquier otra especie animal que no supo adquirir mecanismos eficaces de defensa ante este peligrosisimo animal bipedo.
¿Se preguntarán que tiene esto que ver con la situación de la Argentina?
Lo explico, este instinto, algunas veces, exige a algunos individuos a superar a todos aquellos que comparten un ámbito mucho más amplio del habitual, que generalmente no pasa más alla de aquel en que nos desenvolvemos cotidianamente. Así es posible encontrar genes portadores de  individuos que exigen ser el más de toda una nación por ejemplo y de estos candidatos generalmente surgen los que finalmente terminan siendo presidentes de la Nación.
Claramente el ex presidente Kirchner era uno de estos personajes y la actual presidenta dio sobradas muestras de tener un instinto no menos agresivo que el de su marido. Todavía persiste la ausencia de una respuesta a la pregunta previamente formulada así que permítame continuar.
Es por todos sabido que una crisis de dimensiones difíciles de calcular se avecina y tambien es conocido que si se hubiesen tomado medidas no muy drásticas tiempo atrás hubiese podido evitarse esta triste situación y acá es donde tiene protagonismo esta pulsión de la siguiente manera: para acomodar el rumbo de la economía es y era necesario reconocer que se cometieron errores y que la verdadera situación no es o era la que se dice o decía -reconocer que hay un relato de por medio- y que aunque pareciera sencillo en su momento aceptar ciertos desaciertos y arreglarlos para cualquier análisis razonable, no lo es para nuestro instinto porque terminar con el relato puede llevar a la buena senda pero significaría también reconocer que no se es el mejor político o presidente de la nación, algo que puede el instinto no tolere y como estos individuos generalmente son esclavos de la voluntad de sus pulsiones pueden alegremente poner en riesgo a toda una Nación por un simple capricho.
Es necesario advertir al lector no sorprenderse por esto ya que la historia está repleta de ejemplos que lo certifican.
Es por esto que difícilmente se revierta el camino tomado por la Argentina y la crisis será finalmente el desenlace final.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Inestabilidad social

Todo empezó cuando la inflación comenzó a superar ampliamente la tasa de interés ofrecida por los bancos para los plazos fijos. 
Desde ese instante (aproximadamente fines de 2007) comenzamos a ahorrar y pensar, nuevamente, en dólares por la harto conocida desconfianza histórica al peso argento.
Hasta ese momento, la política económica (heredada del duhaldismo) era lo que el liberalismo más ortodoxo puede recomendar: superávit fiscal, superávit comercial y moneda nacional devaluada y flotante.
El problema no es la medida económica con las tasas de interés en si misma, muchos pueden intentarlo y tener éxito. El problema está en que a partir de ese mismo instante, el que decide que debe hacer cada uno de los actores económicos es el estado y sus aliados políticos de turno, lo que tampoco representa un inconveniente en si mismo, siempre y cuando los que deben cumplir con las normativas o hacer lo que se espera que hagan según lo planificado por la política económica, estén predispuestos a hacerlo y también necesariamente confíen en la capacidad y honestidad de los planificadores.
Finalmente acá esta el nudo de la cuestión y es lo que increíblemente todos los políticos, pensadores y entusiastas en general de la izquierda no logran comprender y es que para tener alguna chance de éxito debe haber una sociedad preparada para estas políticas y que debe ser, a su vez, lo más parecida posible a la sociedad sueca, por dar un ejemplo representativo. De otra forma el fracaso está garantizado.
Por ejemplo, la política de transporte consistente en subsidiar las empresas para que estas dependan en su funcionamiento de las directivas del "plan", si no se dan estas condiciones, finalmente los empresarios terminan haciendo lo mínimo e indispensable y sacando todo el provecho posible antes de que llegue el esperado fracaso (enriquecimiento ilícito de por medio). Algo muy similar sucedió con la política energética. También tiene el mismo mecanismo el control de precios. Obviamente se pueden citar muchos casos más.
Si no se dan los resultados esperados, lo aconsejable es cambiar de política antes de que sea demasiado tarde. De no hacerlo, la falta de cumplimiento de las expectativas y las circunstancias van obligando a adoptar prácticas cada vez más autoritarias para intentar acercarse a los objetivos previsto (Venezuela es un ejemplo paradigmático) e ir dejando a un lado las instituciones, incluso sometiéndolas (el Congreso de la Nación es otro buen ejemplo en éste caso).
Finalmente si se insiste, cuando ya no hay chances de seguir con esta política no queda otra que la implosión, ya que cambiar de modelo es imposible a esta altura de los acontecimientos. Con el tremendo agravante que ya no quedan instituciones en pié capaz de hacer retomar el rumbo o controlar la situación de producirse una crisis severa.
Parece que en este lugar estamos parados los argentinos a lo que, lamentablemente, hay que agregar que se da en un momento con 25% de pobreza (después de 10 años de "crecimiento") y con recaudación impositiva récord histórico.
Este triste panorama hace prever situaciones muy graves de producirse un clásico ajuste de la economía no planeado, crisis mediante, ya que caerían drásticamente los fondos del gobierno y, sumado a la caída de la actividad económica, la pobreza se iría a niveles extraordinarios.
Los hechos que afectaron recientemente a Córdoba cuando todavía podemos "disfrutar"de un alto nivel de actividad económica permite más o menos predecir lo que puede suceder de producirse lo que todos esperamos nunca llegue.

martes, 3 de diciembre de 2013

Inversión extranjera directa

Aproximadamente cada 10 años se producen en la Argentina severas crisis económicas y sociales que no serían tan graves si en los períodos de recuperación el país avanzara y el progreso fuera una realidad. Sin embargo, estos duros episodios hacen que nuestra nación sea uno de los muy pocos casos, sino el único, en que se registre un notorio atraso pasando de ser unos de los 7 o 10 países mas ricos del planeta a uno de los más desdichados tomando el indicador social que a cualquier analista se le ocurra. La razón económica para que se den estas experiencias es la inadecuada cantidad de inversión extranjera y actualmente es fácil corroborar esta afirmación observando las medidas del gobierno tendientes a atraerlas arreglando con el CIADI, el FMI, REPSOL, los fondos «buitres», etc. con el fin de evitar una nueva catástrofe.
Si es cierta esta afirmación sobre la inevitable necesidad de estos aportes foráneos, algo sobre lo que muchos dudan, es necesario preguntarse el por qué de su vital necesidad y por qué no vinieron en los últimos 70 años en la dosis adecuada para el desarrollo nacional.
La respuesta para ambas preguntas es la misma: organización del estado deficiente, entendiéndose por organizado aquel estado donde funcionan lo mas próximo a lo óptimo la mayor cantidad posible de las instituciones.
Cuando las instituciones son eficientes los capitales, con sus inversores atrás, se sienten atraídos a venir para ganar dinero, lo que constituye el corazón del capitalismo (sistema al cual pertenecemos nos guste o no). La consecuencia necesaria de este proceso es más actividad económica y más trabajo con lo que se cierra el círculo capitalista.
Si las instituciones no funcionan adecuadamente el riesgo de pasar malos momentos para los inversores aumenta en forma exponencial motivo por el cual,  no vienen, o de hacerlo, a cambio de enormes ganancias. En los dos casos el país se perjudica. Si bien se hace extenso explicar porque es necesaria la calidad institucional para estos eventos, debe quedar claro para el lector que es algo tan comprobado como que 2+2=4 (lo expreso de esta manera porque aún hay incrédulos sobre esto).
Una respuesta lógica a este problema es: si los capitales extranjeros no vienen entonces hagámoslo con los nuestros, de hecho en el pensamiento de la mayoría de los partidos políticos no solamente desean desarrollar la actividad económica con capitales propios, sino que en lo posible consideran conveniente evitar el aporte del capital foráneo porque pone en riesgo la soberanía (concepto no muy erróneo por cierto).
La respuesta a por qué no podemos hacerlo con lo nuestro es la misma de por qué no vienen los de afuera: organización.
¿Por qué organización?
Simple, para los capitales privados nacionales se da la misma encrucijada que para los foráneos, si no hay seguridad de que se va a ganar dinero no se invierte.
Para el capital que pueda aportar el estado nacional a través de la emisión monetaria (no tiene otra manera) si no hay confianza y credibilidad (palabras muy de moda estos días) ese dinero se traduce automáticamente en inflación y/o fuga (de acá la continua arenga de los ideólogos de izquierda que la emisión no genera inflación)
De hecho si no fuese por la desorganización esos capitales podrían ser utilizados para desarrollar la economía como sucede, claramente, en Estados Unidos donde una gran emisión de dólares (capital estatal y propio, el sueño dorado del político de izquierda en el enclave del capitalismo mas «rancio» según las palabras de nuestro ministro de economía) logra recuperar la economía sin traducirse en inflación.
El motivo de esta tremenda diferencia entre ellos y nosotros está en que ellos creen en sus políticas y ese dinero puede usarse como tal y no como papel pintado, por lo tanto genera actividad económica y finalmente empleo (por eso es tan importante para ellos monitorear la nueva creación de empleos para saber si hay o no vitalidad económica)
Solo resta comparar el nivel de funcionalidad de sus instituciones con las nuestras y se aclaran las dudas.
Finalmente la última pregunta surge ¿Si es tan importante tener instituciones adecuadas para cualquier política sea abierta o cerrada, de izquierda o derecha, por qué nosotros no podemos lograr ese estado de situación?
La respuesta está en cada uno de nosotros que somos desde una óptica política y económica la primera y fundamental institución.
Si no cambiamos nosotros, las demás instituciones tampoco lo harán y para que éste cambio se de es necesario un cambio cultural, esto es cambio de usos, costumbres, reacciones a ciertos estímulos propios de cada comunidad que nos lleven a básicamente cumplir las normas y reglas de nuestra constitución, leyes, normativas, etc.
Lo difícil de esta tarea explica la decadencia que ya lleva mas de 70 años.