Envidia y codicia, dos armas destructivas

El instinto o pulsión protagonista de este blog es como una moneda.
En una cara está la codicia y en la otra la envidia.
La presión del instinto por superar al otro se manifiesta con mayor asiduidad en el ámbito económico y cuando es muy intensa deriva habitualmente en la codicia.
La codicia es la responsable de la audacia que vemos cuando los "emprendedores" se animan a incursionar en negocios en tierras hostiles, como medio oriente para dar un ejemplo muy actualizado en cuanto a conflictos se refiere.
En la otra cara, la envidia es el resultado de la presión del instinto por evitar que los que nos superan no saquen más ventajas y de ser posible igualarlos. Cuando este proceso se descarrila surge la envidia y cuando las diferencias son abismales, deriva en el resentimiento y el odio.
Una clara consecuencia de este fenómeno es el extremismo y de nuevo, un ejemplo muy actual es el fundamentalismo islámico.
Siempre debe recordarse que son procesos absolutamente subconscientes y que el instinto dispone de una herramienta que lo hace fluir y funcionar con una efectividad envidiable. Está herramienta se llama razón instrumental a su servicio.
Es ésta "razón" la que se encarga de buscarle al instinto excusas que la hagan avanzar y afianzarse en sus objetivos.
Es por este mecanismo que los envidiosos patológicos siempre tienen una excusa y esta excusa siempre la encuentran en la codicia del oponente.
Esta moneda es la responsable de cuanta catástrofe haya experimentado la humanidad.
La segunda guerra mundial por la supuesta superioridad aria más el resentimiento hacia el exitoso comerciante judío y la guerra actual por la codicia del empresario occidental y la enferma envidia del desafortunado islámico son dos ejemplos de los muchos que podemos encontrar en la historia y en la actualidad.

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