La cuestión robótica

Los informes sobre la cuestión de la robótica y el reemplazo de la mano de obra, siempre hacen incapie en la necesidad de tomar medidas precautorias ante la aparente e inevitable desocupación que traerá aparejado y la crisis humanitaria consecuente.
Si bien el capitalismo siempre se las ha arreglado para ir reemplazando conflictos con soluciones provistas por el azar y la propia dinámica del sistema, el término azar obliga a tomar recaudos y analizar los riesgos.
De hecho, el sistema asume de antemano que los empresarios continuarán dejando para sí todos los beneficios de éste adelanto tecnológico y que el homo sapiens está eternamente condenado al sacrificio del trabajo. Por tanto es esperable que la crisis puede presentarse con fuerza.
Pero si alguna vez el hombre progresa lo suficiente como para controlar la codicia y la ambición consecuente de la acción de primitivos instintos que nos conduce inevitablemente al capitalismo y la competencia, sistema imperante éste resumido comúnmente con la frase: la egoísta ambición de obtener ganancias que finalmente redunda en beneficio para todos a través de la actividad empresarial que dirigidos por la mano invisible de Adam Smith se encarga de satisfacer la demanda del consumidor, entonces los beneficios de la automatización debería ser una gran oportunidad para toda la humanidad.
Oportunidad de librarnos de la cadena natural de la obligación de trabajar para obtener nuestro sustento. Esa obligación que compartimos con todas las especies de animales obligados también a la búsqueda incansable de medios de subsistencia. Desde la trabajadora hormiga al paciente león.
Caso contrario, se reducirá a aumentar drásticamente las ganancias empresarias  mientras reduce proporcionalmente las posibilidades de la clase trabajadora.
El tiempo dirá si se impone la razón mediante una justa distribución de la riqueza y la reducción lógica de las horas de trabajo si el empresario entiende que los avances tecnológicos deben estar al provecho de toda la humanidad, o si finalmente se seguirá imponiendo la codicia que considera  que los avances están reservados​ para uso de los que en ese momento gozan del poder suficiente para adueñarse de sus beneficios potenciales a costa del irracional sacrificio del resto de sus conciudadanos.
Si se impone la opción descrita última, entonces significará que nuestros instintos o pulsiones que se manifiestan a través de la egoísta ambición y la codicia seguirán dominando nuestras decisiones más importantes en nuestra vida económica y social.
Si alguna vez logra imponerse la razón, entonces nos esperará una vida con escasas horas de trabajo y muchas de disfrute con la familia o como se nos ocurra.
Advirtiendo e insisto en advertir que toda vez que la razón intenta influir en las decisiones que tiene asignado el instinto de competencia, puede derivar en consecuencias catastróficas como las ya experimentadas con el comunismo.
Veremos.

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