Míralo, Zaratustra está ahí. Nadie lo ve pero siempre está (5)

Reproduzco otra nota donde nuevamente tienen frente a sus "narices" a Zaratustra pero, como siempre, no logran verlo -ver "Presento a Zaratustra, el protagonista del blog y del libro"-.
Detectan a la envidia como un factor determinante en la vida del hombre pero no distinguen su origen en un primitivo instinto.
Detectan a la envidia como motivador de la actividad humana, pero no ven la otra cara de la misma moneda tan importante como ésta, me refiero a la ambición o la codicia. Consideran a éstas últimas como un fenómeno ajeno a la envidia sin advertir que cuando el instinto Zaratustra busca satisfacer su objetivo se expresa con la ambición o codicia y cuando percibe que su objetivo puede ser inviable, se expresa con la envidia para motivar al individuo para que busque las respuestas a la deficiencias del plan.
El plan: destacar nuestro ego para que sea advertido por los demás. Preferentemente mostrando superioridad económica a través de la ambición o codicia.
Descubren una envidia sana que la relacionan con un sentimiento de admiración, pero no logran ver que ello no es otra cosa que el resultado de un mecanismo de adaptación eficiente para mantener un sano equilibrio emocional -ver "míralo Zaratustra está ahí nadie lo ve pero siempre está (1) y (2)"-
Están a años luz de detectar que el complejo Zaratustra, con sus manifestaciones a través de la ambición o codicia es sinónimo de capitalismo y que al responder a un instinto y no a un sentimiento simple como alegan, es inevitable su implicancia toda vez que nos queremos organizar económicamente.
Tampoco ven la otra cara de este Instinto, la envidia y su tremenda relevancia en nuestras adopciones ideológicas políticas.
Básicamente la preponderancia inevitable de las ideologías distribucionistas -ver "envidia y codicia los dioses de nuestro Olimpo"-.
¿Y su relación con la cultura?
Más lejos aún de verlo.
¿Cómo entonces podrían comprender que la envidia al ser producto de un instinto, por tanto presente en cada uno de los homo sapiens, es la que determina la ideología predominante? ¿Y que esta ideología si no cuenta con una cultura adecuada para su éxito programático, es imposible que funcione y por tanto los populismos o dictaduras contradictorias y fracasadas son su resultado inevitable? ¿Verán que el liberalismo es sinónimo de tener que obligar a la mayoría de la sociedad a tener que resignarse a enfrentar la envidia día tras día, toda vez que la desigualdad es una consecuencia inevitable de su desenvolvimiento? ¿Y que por tanto, subrepticia envidia mediante, la falta de apoyo popular siempre estará presente y con ello se esfume con demasiada frecuencia un requisito previo indispensable del liberalismo económico para su éxito, me refiero a la confianza del inversor? -ver "instinto y cultura nuestros verdaderos soberanos"-
Tal vez algún día lo adviertan.
Al final dejo una reflexión sobre la tribu Kalahari referida en la nota (por lo que sugiero presten mucha atención a esa parte) y su relación con Zaratustra que puede resultar extraordinariamente interesante su desglose Intelectual.
Ahí va.

Puede la envidia considerarse un sentimiento positivo?
Según recientes estudios, la llamada good envy sería motivadora en la medida en que estimula la competencia y la superación personal

Laura Marajofsky
17 de febrero de 2018  

La envidia tiene que ser uno de los sentimientos con peor prensa. En el imaginario se vincula con personajes de ficción malvados como el Grinch o la reina Ravenna, se lo considera un rasgo personal poco deseado y también es asociado con el color verde (por eso expresiones como green with envy), ya que la mitología dicta que este estado provoca una generación tal de bilis que su color se evidencia de esta manera en la piel del envidioso.
Sin embargo, todo esto ocurre si se lo observa desde un solo punto de vista.
Sucede que otra mirada habilitada por nuevas lecturas desde las ciencias sociales plantea que la envidia puede ser un sentimiento útil que aporte tanto al mejoramiento personal (estudios que lo relacionan con un mejor rendimiento, creatividad y autosuperación en el individuo), como al bien común.
¿Puede acaso algo que ocasiona malestar y frustración traer consigo algún efecto positivo?
Envidiar puede ser una actitud corrosiva a la larga y si no se canaliza bien, pero en su forma y dosis justa algunos se atreven a sugerir que hasta es conveniente.
Una gran diferencia existe, aunque no lo creamos, en la manera en que procesamos aquellas situaciones en donde nos sentimos menos o en desventaja con respecto a otros.
Si bien los especialistas detectan dos grandes reacciones, admiración y envidia, la primera vista como algo noble y la segunda como algo inherentemente malo, no todos los sentimientos de envidia son creados de la misma forma.
Así como hay un estrés bueno y malo, según Richard Smith, un psicólogo de la Universidad de Kentucky que comenzó a estudiar este tema en los 80, existen dos clases de envidia. Investigaciones recientes muestran que incluso el lenguaje no es concluyente cuando se trata de hablar de la envidia, y que en varios idiomas como el polaco, el holandés y otros, no hay solo una forma de referirse a la misma, ya que es una emoción compleja y que puede tener diferentes acepciones según cómo lo viva la persona. La envidia en sí misma surge de la combinación de dos variables. Por un lado, la relevancia: envidiamos aquello que nos significa algo personalmente; por el otro, la similitud, en tanto envidiamos aquello que podemos medir o comparar con nosotros o lo que tenemos. Por estos dos motivos es que por lo general envidiamos gente cercana o de nuestra misma "liga" por decirlo de algún modo, y en aspectos que nos interesan y nos tocan de cerca. En cambio cuando admiramos lo hacemos pensando en situaciones más inalcanzables o idealizadas, desde cierta distancia.
Para envidiar la clave es pensarnos o imaginarnos en el lugar del otro ("Yo podría estar ahí" o "Yo podría hacerlo mejor"). Pero es justamente este último rasgo, advierten algunos expertos, lo que puede devenir en la llamada good envy (buena envidia) en tanto estimula la competencia y la superación.
En un artículo de The New Yorker la periodista especializada en ciencia Maria Konnikova cita precisamente un paper realizado por la Universidad de California que captura a la perfección este efecto, titulado apropiadamente "Inspirados por la esperanza, motivados por la envidia".
Un estudio de 2011 realizado sobre la base de 500 adultos encontró que la gente que experimentaba envidia aumentaba su habilidad para prestar atención, memorizar, ponderar detalles y otras facultades cognitivas. En otros tests de este estilo el efecto de predisponer a la gente a ciertas ideas tuvo una clara correlación con sus sentimientos y con lo que eran capaces de hacer: aquellos que expuestos a la idea de que con trabajo duro es posible mejorar, experimentaron una envidia buena que los movilizó a cambiar y mejorar. Por el contrario, los que fueron expuestos a otras (que los logros son innatos o por pura suerte), tienden a admirar a la distancia y esforzarse menos. Pero entonces, ¿cuál es la diferencia entre la buena envidia y la admiración? ¿Acaso la frase "sana envidia" provendrá de esta diferenciación entre mala y buena?
El eufemismo "envidia sana" se usa para expresar que la admiración o el deseo que se tiene sobre una persona o situación es positivo. En este sentido, la envidia benigna es similar a la admiración, aunque sus resultados sean diametralmente opuestos: que una genere bienestar en la persona que lo experimenta, mientras que la otra no deja de ser una añoranza que puede traer malestar o incomodidad. Sin embargo, lo cierto es que cuanto más cercana es la realización de la falta o la mediocridad, más motivados podemos estar a cambiarnos.
En suma, el Grinch que llevamos dentro, puede ser más el más persuasivo de todos. ¿Un bien social? Por otro lado, el escritor James Suzman, autor el libro Afluente without abundance, plantea algo que a priori puede parecer contra intuitivo: la psicología evolutiva muestra cómo la envidia puede ayudar a moldear comunidades fuertes y altamente cooperativas. Según Suzman, la envidia jugó un rol fundamental en las antiguas sociedades de cazadores, si bien advierte también que esta rama de la psicología intentó desde siempre conciliar nuestras pulsiones más bajas (envidia, codicia) con las emociones más nobles (altruismo, generosidad), y por eso la existencia de teorías como el "gen egoísta" (que plantea que no existe el altruismo ya que todo lo que hacemos tiene una cuota de interés personal) y otras tantas. "Tradicionalmente se han opuesto los sentimientos negativos como la envidia o los celos a las pulsiones altruistas, ligados al interés por el otro y al espíritu solidario. El individualismo versus lo gregario. Ahora bien, los sentimientos humanos son de una gran complejidad y nadie está exento de sentimientos llamados negativos ni positivos. Me parece que no habría que reificar ninguno de estos sentimientos de manera aislada, sino ver cómo se entrelazan para que sean a la vez útiles al interés personal y al colectivo. No existe la pureza de sentimientos, en el ser humano coexisten emociones encontradas.
El ser humano no puede existir si no es en relación al otro", remarca el Dr. Juan Eduardo Tesone, miembro de APA y de la Sociedad Psicoanalítica de París, proponiendo una mirada más integral y ante explicaciones binarias.
Suzman da como ejemplo a las tribus de cazadores-recolectores del Kalahari, en donde los rasgos como la envidia siempre sirvieron para mantener sociedades igualitarias sin líderes oficializados.
El legitimar hablar mal de otros y relativizar sus logros, permitió que no se endiosara y que no se generan diferencias entre los cazadores más habilidosos y el resto, promoviendo la humildad y la generosidad de compartir los recursos.
La envidia, esta "mano invisible" que regía la economía social de estos clanes, es la que hoy permite que "tomemos placer en ver a los poderosos caer, que respetemos la humildad, que se eduque a los niños para que sepan compartir desde chicos, y explica por qué nos sentimos incómodos ante la ostentación", explica entre otras cosas. "El interés narcisístico y el interés general pueden oponerse pero también pueden potenciarse creativamente, todo depende del entramado afectivo de cada uno.
Y en ese entramado conviene diferenciar lo que se siente de lo que se actúa. Tener envidia es algo humano e innegable desde la infancia. El ser humano se diferencia por su capacidad de vivir en sociedad, integrando en su singularidad sentimientos negativos y positivos que no lo destruyan ni destruyan al otro. Es en una relación creativa que los sentimientos negativos son integrados en un vínculo que beneficie al yo y al otro", concluye Tesone.
Así que ya se saben: ni totalmente buenos o totalmente malos, todos podemos sentir al monstruo verde de la envidia pujando por salir, pero también es posible que entendiendo ese sentimiento y de dónde proviene podamos potenciarnos con él.
Por: Laura Marajofsky

Continúo.
En la entrada "¿y si todos conociéramos a Zaratustra?" intento descubrir que pasaría si todos fuéramos conscientes de la inevitable actividad de este instinto y justamente lo que nos muestra la cultura de la tribu cazadora recolectora de los Kalahari podría dar extraordinarios indicios de lo que probablemente pasaría.
Si a la circunstancia política de los Kalahari le agregaramos las instituciones democráticas, la división de poderes, una cultura colectivista, etc, probablemente estaríamos asistiendo a una nueva y enorme revolución dando otro enorme paso más en el largo camino del progreso  humano.
Paradójicamente, una primitiva tribu, tal vez sea la que nos aporte algo que nos permita dar otro gran salto.
Es evidente que la evolución cultural de todos los pueblos los llevó a ocultar, esconder, ignorar la actividad de Zaratustra que toda vez que observamos a otro como un competidor que parece superarnos en algo, despierta un sentimiento de inferioridad no deseada.
Vaya a saber porque decidimos ocultar ese sentimiento e incluso llevarlo a una especie de tabú. Nadie le expresará a otro: "sabés que, envidio tu posición económica y me haría feliz igualarte, más aún superarte". Menos aún se animaría alguien a expresar ante un infortunio de algún allegado claramente más afortunado que "le provoca una grata sensación de alivio tenga que sufrir esas desgraciadas circunstancias toda vez que me permite ser más competitivo" .
Pero ¿Y si hacemos lo que hacen los Kalahari, sincerar nuestros sentimientos y expresarlos?
¿No estaríamos dando un gigantesco paso hacia adelante, dejando de lado otro gran tabú como tantos otros hemos dejado atrás? ¿Y que con cada tabú atrás, un nuevo paso hacia adelante viene?
¿No es acaso más racional que los ricos sinceren su codicia reconociendo que los hace felices ver su ego superior a los de los demás en vez de ocultar ese sentimiento porque puede verse como despectivo hacia los demás? ¿Y aquellos que están en situaciones de inferioridad también sinceren su  sentimiento de desventaja o deficiencia diciendo a viva voz "no quiero verme inferior y por ello prefiero que nuestras políticas públicas sean acordes a mis sentimientos buscando disminuir las desigualdades y afectando todo lo posible a los afortunados? ¿El comunismo no es finalmente la búsqueda de un objetivo radical haciendo desaparecer de una vez por todas al mejor y con ello también al peor? ¿Por qué no sacarse esa especie de "careta" de una buena vez por todas? ¿Por qué los afortunados no pueden dejar de fingir una supuesta ambición para mejorar una supuesta calidad de vida y decir de una vez que lo que buscan es en realidad sentirse superiores y los de abajo, sincerarse y decir abiertamente que no es una supuesta búsqueda de justicia social lo que los motiva realmente sino esa ingrata sensación de inferioridad más allá de las injusticias que puedan o no haber?
¿No sería infinitamente más fácil encontrar puntos de acuerdo entre la "derecha" y la "izquierda" y así evitar los eternos conflictos a los que nos vemos expuestos años tras años tras años? ¿Conflictos que difícilmente encuentren una verdadera solución toda vez que se parten las discusiones desde sendas posiciones falsas o hipócritas cuando no? ¿Por qué no expresar los sectores populares abiertamente " mira, me molesta tu riqueza y tú afortunada vida sin importarme cuánto sacrificio te significa y tampoco cuánto es bueno o malo para mí tú actividad para conseguir lo conseguido?
Podría seguir por horas expresando "sinceramientos" de un lado y del otro y que probablemente una vez expuestos y discutidos abiertamente, se abra una enorme ruta hacia un destino distinto y mucho más progresista de verdad.
Como para tenerlo muy presente y profundizar el estudio de la interrelación de Zaratustra, la actualidad política, la evolución de nuestras culturas y los resultados a los que nos inclinaría una fuerte influencia de las perspectivas políticas producto de la cultura Kalahari.
Tal vez alguien dedique tiempo y tenga voluntad para ello.

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