La Razón vs Zaratustra y su aliada, la Cultura, en la lucha contra la corrupción

La historia del progreso del hombre siempre se tradujo en una eterna lucha entre la razón y nuestros instintos.
Lucha que continuará por siempre dado que nos es imposible deshacernos de nuestras pulsiones mientras sigamos perteneciendo a la especie homo sapiens.
Por eso, la tarea de la razón siempre consistió en buscar los mecanismos para aprovechar las "facetas positivas" de las inevitables intervenciones en nuestra vida de nuestros instintos, así como evitar sus "facetas negativas".
El instinto pide dominar, superar, competir, sentirse o ser más que el otro, someter y seguir sometiendo, vía coerción si considera necesario, para lograr sus objetivos.
La razón opone las normas, reglas y leyes que descubrió son las que permiten aprovechar lo positivo de la actividad de nuestros instintos para nuestra óptima organización social y evitar lo negativo o dañino.
Reglas e instrumentos que van variando según cambian las circunstancias y condicionamientos del devenir histórico.
El ejemplo más paradigmático, y que dicho sea de paso, es el que conduce de manera determinante nuestro destino se llama Capitalismo en Democracia. Que no es otra cosa que el aprovechamiento de nuestros instintos para que a través de la incesante búsqueda por destacarnos, los emprendedores que surgen de esa competencia, nos provean de los medios de producción en el marco del capitalismo, limitado por reglas y leyes aportadas por la razón que impiden circunstancias que pueden llevar a injusticias que puedan hacer inviable una sana convivencia en sociedad. Progresividad impositiva y leyes anti monopolio por nombrar solamente dos, son claros ejemplos del aporte de la razón en esta “lucha” entre estas dos poderosisimas fuerzas a las que el destino y el azar nos expuso.
Para entender claramente el poder de éstas fuerzas y la necesidad de que actúen en consonancia y equilibrio para obtener lo más cercano a una óptima organización social, el comunismo es un claro ejemplo de desequilibrio de fuerzas y del fracaso de la razón para imponer condiciones a nuestra naturaleza humana. En esta lucha se impuso por “goleada” el instinto con las tristes consecuencias que todos conocemos (privilegios “pornográficos” de las élites, desigualdades peores a las existentes previamente, autoritarismos y dictaduras más duras a las pre existentes, parálisis económica total, etc).
La corrupción es otro gran campo de batalla entre la razón y nuestros instintos.
El instinto, buscando superar al otro compitiendo por quien tiene el ego más grande a través de la exposición de riquezas, presiona a cada uno de los individuos que ocupan un cargo público en condiciones de decidir el destino de los fondos del Estado para que aprovechen la oportunidad y compitan. Competir en estas circunstancias es sinónimo de corrupción.
La razón opone las leyes para controlar esta consecuencia negativa de nuestras pulsiones pero lamentablemente, la razón requiere de otra fuerza de aliada para ser efectiva y poder controlar esta faceta negativa de nuestros instintos (la positiva en este caso es que sin él, nadie querría dedicar esfuerzos en la carrera política que supone una “vocación de servicio” para con la comunidad).
Esta fuerza necesaria de aliada se llama cultura. El aporte de esta aliada consiste en hacer efectiva la utilización de las leyes, normas y reglas.
A juzgar por el hecho de que a pesar de la enorme e inconmensurable ORGÍA de corrupción que experimentó el pueblo brasileño con el PT y aún así un 37% de los brasileños está dispuesto a votarlos cuando no debería superar el "0.0005%" de la aprobación popular es evidente que acá, la aliada cultura, padece de una debilidad abrumadora.
En Argentina pasó algo muy pero muy similar con el brutalmente corrupto Kirchnerismo, pero, y por suerte, en las elecciones no pudieron superar el 30% en la primera vuelta y un agonico 48% en la segunda vuelta perdiendo las elecciones. Es evidente que a duras penas, muy a duras penas, la cultura argentina terminó aportando su grano de arena en su alianza con la razón. Y hoy la justicia, la razón, presionada por la voluntad popular, está encarcelando y enjuiciando a los corruptos. Aún falta para saber si finalmente se impondrá la razón o volverá el instinto a ganar. En el caso argentino en particular, si la situación económica no mejora, puede suceder que la corrupción vuelva al poder a través del voto en las próximas elecciones (resultado de una cultura incapaz de dar el apoyo que necesita la razón para imponerse definitivamente). Entonces solamente la lucha contra la corrupción habrá sido no más que un espejismo como ya antes pasó más de una vez y en varios países de la región.
El instinto volverá a imponerse a través de sus construcciones llamadas corporaciones políticas cuyo único objetivo es enriquecerse detrás de una supuesta ideología (que nadie dude de ello, no existe otra cuestión real que movilice a cada uno de los integrantes de estas construcciones de nuestros primitivos instintos, el peronismo en Argentina es exactamente eso y seguramente el PRI en México es exactamente lo mismo así como hoy el chavismo lo es en Venezuela)
De hecho, creo que en la enorme mayoría de los países del planeta, aún la razón y su aliada la cultura, en la lucha contra el instinto que se expresa con la corrupción la vienen perdiendo por muy lejos. 
La globalización, internet y las redes sociales, parecen actuar de aliados invalorables de la razón y la débil cultura latinoamericana para finalmente darles el resto de fuerzas que necesitan para final y definitivamente ganar esta “guerra”.
Lo que está sucediendo en Brasil, Argentina y en varios rincones más del mundo subdesarrollado sumido en una corrupción endémica parece mostrar este extraño y nuevo fenómeno.
Ojalá así sea. La razón y la cultura necesitan de todos los aliados posibles para controlar al instinto que lleva a la corrupción si nada interfiere en su camino.

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