Argentina y un destino ya inevitable.

Los viajes de Cristina Kirchner a Cuba.
La defensa a ultranza del régimen venezolano en cuántos medios de comunicación visitaron los miembros de la agrupación kirchenrista.
La expresión ante los medios de profunda emoción de Cristina Kirchner cuando se oficializó la estatizacion de YPF.
La indudable facción ideológica marxista de los miembros del Instituto Patria encargados de elaborar la estrategia de gobierno, seguramente en combinación con el servicio de inteligencia cubano.
Zafaroni referente del movimiento cuando de políticas judiciales se trata (garantismo).
La oficial negación de catalogar a Venezuela como una dictadura.
El acercamiento al movimiento de Puebla (ante el retroceso del foro San Pablo).
La idea en marcha de ampliar la corte suprema con el único objetivo posible de controlar a su antojo el poder judicial. Control cuyo único objetivo, nuevamente, es quitar obstáculos al plan integral socialista.
El muy probable nuevo avance con la trunca Ley de Medios con el mismo objetivo que el del poder judicial, quitar obstáculos al plan.
La distribución de partidarios marxistas en todos los ámbitos gubernamentales claves para el manejo de fondos con capacidad para controlar los poderes federales (a los gobernadores).
El caso Vicentin, clara muestra de la actitud al acecho de avanzar en lugares claves para el control de las divisas necesarias para consolidar un plan socialista.
La consolidación de políticas económicas que permiten un control absoluto de las variables económicas como el fin de cualquier iniciativa que el libre mercado y la libertad económica interna puedan pretender. Ya ni siquiera es posible disponer de dinero físico que es el único medio que hace posible eludir el control del Estado en cualquier iniciativa económica tengan los actores con pretensiones de progreso evitando la pesada mochila del Estado que paraliza cualquier intención productiva ¡Lo lograron!
La búsqueda a rajatabla de la absolución total de los miembros del movimiento acusados de corrupción con el único objetivo de legitimar al movimiento.
Se sabe de iniciativas tendientes a estatizar la salud del país y seguramente el próximo paso estatizador será el, ya totalmente controlado por el Estado, sector de las empresas de servicios públicos (electricidad, gas, etc.).
Aclarada la ideología del gobierno de turno, es bueno remarcar que el marxismo no implica necesariamente la total estatizacion de la propiedad privada. Alcanza con que el Estado tenga el control suficiente sobre lo público y lo privado como para decidir con sus iniciativas quién invierte, cuánto invierte, cuándo invierte, cuánto debe ganar o debe perder, quién obtiene beneficios y quién no en nombre de un supuesto bienestar general y equidad.
Pero el problema más grave que el hecho de que ya está absolutamente demostrado que el fracaso es inevitable con estas políticas, es lo que sigue: en mi país ya están “todos los dados echados”. El camino hacia una versión argenta de una nueva Venezuela ya es prácticamente inevitable.
Tan inevitable que aunque el gobierno actual no quiera llevarnos hacia allí, a pesar de las muestras innumerables nos dan de que ese es el objetivo con la supuesta idea de que esta vez se van a hacer las cosas bien, ya no le queda opción a seguir por ese nefasto camino.
Dado el lamentable escenario que se viene gestando desde hace 15 años por lo menos por la intromisión del Estado en la economía, llegó un punto en que se hace inevitable más intromisión del Estado en el manejo de las variables económicas para evitar un desborde y caos económico. Y una nueva intromisión los obliga a más intervención. Y éstas, por las consecuencias inevitables que traen consigo, los vuelven nuevamente a presionar para más intervención aún y evitar así el desmadre total. Más intromisión no les va dejando opción a aumentarlas más aún. Es un proceso que lleva ya más de 12 años y no se avisora nada que pueda detenerlo.
Tan grave es la situación, que este riesgo de desmadre total que tratarán por todos los medios evitar porque les va su futuro político en ello, los conducirá a la intromisión más grave de todas: bloquear futuras elecciones transparentes (exactamente lo mismo que pasó ya en Venezuela).
Si bien es cierto que el caos llegará igual más tarde o temprano, como llegó en Venezuela, lamentablemente también como allí, buscarán todos los medios para evitar la desaparición política del partido gobernante. La codicia no tiene límites conocidos.
La única solución al problema argentino pasa por un sinceramiento de todas las variables económicas (liberar la economía) pero es ya prácticamente imposible hacerlo sin sufrir durante un período que dure ese proceso, consecuencias dramáticas para un sector demasiado grande de la ciudadanía. Durante el gobierno de Macri se vió claramente ésta imposibilidad y por eso en los 4 años del gobierno liberal del partido Cambiemos, no le fué posible cambiar prácticamente nada e incluso también ellos se vieron obligados a nuevas intervenciones del Estado para evitar el descalabro total (descalabro total evitado gracias a la ayuda de Trump a través del FMI vale acá mencionar y que se agradece porque le permitió al partido de Macri sostener un 40% del electorado). Es prácticamente inviable políticamente un sinceramiento de la economía salvo que los gobernantes estén dispuestos a suicidarse políticamente. Algo que actualmente está a años luz de ser una posibilidad toda vez que el partido gobernante actual, el peronismo, es una casta de saqueadores seriales totalmente incapaces de un gesto humanitario por más nimio sea, a lo que hay que sumar individuos reconocidamente adeptos a las ideologías marxistas manejando todas las instituciones claves del país para el control del poder político.
Es probable que el país haya llegado ya a un punto de no retorno. Donde ya le es imposible a un gobierno volver sobre sus pasos. Quiera o no Alberto, las circunstancias lo obligarán a más socialismo y menos privatismo. Lamentablemente, se quiera o no, hacia una versión argenta de Venezuela vamos. Bajar el gasto público con un 58% de pobreza y con el 70% de la población dependiente del Estado para sobrevivir es ya políticamente imposible.

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