El dilema de Macri desde la óptica ideológica y cultural



En la entrada "colectivismo y cultura individualista" intento transmitir la idea de la inviabilidad de las políticas socializadoras, voluntaristas, dirigistas, distribucionistas y estatistas en latinoamérica dada nuestra condición cultural que impide que estas políticas lleguen a buen término y finalmente desemboquen en nuestros conocidos populismos (no incluye al comunismo ya que éste fracasa siempre sin importar que cultura sea)
Los ejemplos sobran.
Con ver las experiencias del Kirchnerismo, el chavismo y el petismo brasilero alcanza y sobra.
Y en la entrada "política individualista e ideología predominante" intento transmitir el porqué los pueblos subdesarrollados son siempre mayoritariamente simpatizantes de las ideas socialistas, estatistas, distribucionistas y voluntaristas motivo por el cual las políticas económicas genéricamente denominadas liberales, fracasan por la presión ideológica constante a la que se ven sometidas que finalmente terminan minando la confianza del inversor.
Ideología que conduce a una ausencia de confianza que lleva a exigencias del capital mayores a las que se observa en países más avanzados y seguros.
Exigencias que sumadas a la presión ideológica siempre en contra, lleva a que solamente es posible cederlas después de grandes crisis, pero pasada la crisis esas exigencias dejan de ser exigibles.
Los gobiernos presionados por la tendencia ideológica de la ciudadanía y ayudados por la ausencia de una cultura capaz de controlar la responsabilidad de los actos de gobierno, conducen a los países a nuevos despilfarros distribucionistas que tan bien conocemos los latinoamericanos y con ello la vuelta de la desconfianza.
Finalmente la parálisis económica se hace eterna.
Por suerte, Macri parece ser consciente de este fenómeno que destruye las posibilidades de progresar a los países de latinoamérica.
Es habitual, por ejemplo, escucharlo hablar de cambio cultural (inédito en algún político que haya tenido poder alguna vez en Argentina), de que no va más lo que bien conocemos como "viveza criolla" o la actitud de sacar ventajas a expensas del perjuicio del otro.
Lo que no me canso de resumir con el término cultura individualista a través de todo el blog.
Cultura que destruye todos los intentos voluntaristas en política económica.
Todos terminan en desorganización, ineficiencia, caos muchas veces y finalmente corrupción rampante  como lo demuestran claramente los resultados de las empresas estatales de antaño o los manejos de las privatizadas conducidos por el estado Kirchnerista mediante los subsidios (transporte, energía, etc).
Y también por suerte, Macri es absolutamente consciente de la ideología predominante de los pueblos latinoamericanos siempre opuesto a las ideas liberales en economía.
Sabe por ello que no puede disminuir beneficios sociales por más mal instrumentado estén (incluso muchas veces injustos como los subsidios a discapacitados sin que la enorme mayoría de los beneficiarios lo sean, perjudicando a los que realmente padecen esa disminución física).
Sabe que no se le puede ocurrir nombrar siquiera la palabra privatización aunque una y otra vez se demuestra su mayor eficiencia respecto a las empresas del estado.
Que no se puede reprimir aunque las evidencias de su necesidad son atestadoras muchas de las veces como sucede con los mapuches en el sur o los cortes indiscriminados en las calles de Buenos Aires.
Que no es posible hablar de ajuste fiscal por más necesario sea y si lo hace debe hacerlo de la manera más subrepticia posible.
Que mencionar la palabras reforma laboral puede significar pérdida desastrosa de votos.
Que hablar de la "copa que se derrama" es como nombrar a Satanás aunque sea un sistema que no se cansa de mostrar buenos resultados toda vez que se utiliza.
No importa cuán bueno sea el liberalismo económico para generar riquezas y progreso económico, simplemente nadie lo quiere y por tanto es necesario respetar la decisión popular ¿Por qué imponer algo que nadie quiere por más prometedores sean sus antecedentes?
Además ¿Si nadie lo quiere, no es evidente que más tarde o temprano se abandonará el liberalismo y con ello cualquier progreso obtenido volverá a foja cero?
En fin, sabe que cualquier proyecto que implique una idea que pueda ser asociada a políticas liberales económicas o de derecha política, puede ser tremendamente riesgoso para mantener su popularidad y con ello la gobernabilidad.
Y al contrario, sabe que toda iniciativa asociada al espectro ideológico de izquierda, vendrá acompañado de aumento de aceptación popular.
Si bien se podría conjeturar que este fenómeno es la consecuencia del deterioro económico que implican las políticas de ajuste en las mayorías, créame que no es así, porque iniciativas de ajustes que afectan a pequeños sectores, son siempre rechazadas por todos.
El problema es claramente ideológico.
Lamentablemente, la historia de latinoamérica muestra una y otra y otra y otra vez que las economías repuntan exclusivamente cuando se dan las condiciones para que el inversor externo (la famosa inversión extranjera directa) se anime a invertir y Macri heredó una situación fiscal incompatible con la confianza del inversor por lo que debe mostrar necesariamente señales de ajuste si los quiere atraer (hasta ahora solo a conseguido que no huyan como sucede toda vez que viene un clásico ajuste involuntario de la economía).
Pero ese ajuste debe adaptarse a las exigencias ideológicas de la población.
Su respuesta ante este dilema parece ser el trato sector por sector donde pueda diluirse la cuestión ideológica.
Un acuerdo de fuerzas para que estén comprometidos todos los representantes institucionales de las voluntades interesadas en cada caso.
Brillante porque por más necesarias pueden verse las medidas a tomar, si no tienen apoyo popular, en democracia, se está quiera o no, traicionando la voluntad popular.
De hecho, los latinoamericanos estamos cómo estamos porque así lo hemos elegido.
Hemos elegido una y otra vez a los peron, los Cháves, los priistas, los Lula y la lista si incluimos los últimos 100 años es interminable.
Y así debe ser aunque no nos guste las consecuencias después si nos dignamos llamarnos demócratas, el mejor sistema de gobierno sin la más mínima y absoluta duda.
Macri sabe que está pidiendo al inversor que soporte una presión impositiva alemana en un país con cultura latinoamericana.
Cultura capaz de virar su discurso radicalmente de un día para otro y hechar por la borda cualquier plan previo del inversor.
Aún no logró convencerlos y probablemente no los convenza hasta que muestre algo concreto.
Números viables y acordes adónde estamos. Donde hay que poner "la plata".  Y en que contexto.
Mientras va ajustando la economía debe mostrar que no es de derecha.
No importa si ajusta y cuánto ajusta.
Lo importante es que no se identifique con la "corpo", con el poder, con la derecha, con los "ricos que siempre se aprovechan del débil ciudadano trabajador".
Así lo entiende y así está trabajando en consecuencia guiado por su magistral gurú, Durán Barba (un intelectual de primer nivel por cierto).
De hecho, la consigna para la mayoría de los inversores era, "haz el ajuste de entrada aunque signifique una gran pérdida de apoyo popular para luego recuperarlo cuando se empiecen a ver los resultados económicos de la reactivación".
"Haz lo que nadie quiere cuando tienes poder como lo aconsejaba Maquiavelo". De inicio.
Era lógico pensar está opción por la sencilla razón de que es extremadamente difícil llevar a cabo políticas consideradas liberales manteniendo apoyo popular, más aún de forma gradual.
De hecho nadie lo pudo hacer jamás.
El que lo intentó perdió el poder.
Sin embargo, Macri parece estar lográndolo.
Menem, obligado y después de una crisis severa, como siempre sucede después del despilfarro e ineficiencia de las políticas socialistas como la de Alfonsín, utilizó con éxito políticas liberales que atrajeron al capital.
Y como siempre sucede cuando el capital foráneo llega, hay progreso económico (el indicador más fiel de verdadero progreso económico es el de la infraestructura).
Pero el apoyo popular solamente duró hasta que el pueblo volvió a su viejo e inquebrantable amor, por su ideología predominante, entonces se vió a las privatizaciones, el sistema privado de retiro, el libre mercado y al dólar en nuestra economía como una enorme traición a la patria.
Hoy Menem tiene peor imagen que Judas.
¿Por qué?
Estoy seguro que no es por los resultados de su gobierno sino por las políticas que utilizó.
El liberalismo.
Kirchner, después de la crisis del 2001 heredó una economía pujante al ceder nuevamente a las exigencias del capital imponiendo las condiciones exigidas por ellos, condiciones que se pueden resumir con las palabras superávit fiscal, moneda devaluada y dólar flotante logrado con la pesificación asimétrica y brutal devaluación.
Liberalismo en su máxima expresión al fin.
Como siempre sucede, una vez recuperado el estado de crisis, la cultura ciudadana incapaz de controlar los actos del estado más la presión ideológica predominante más la siempre ambición espuria de los gobernantes sin control alguno, van llevando las políticas al intervencionismo, dirigismo y estatismo económico para desembocar nuevamente en nuestros conocidos, ineficientes y corruptos populismos.
Kirchner y Alfonsín podrán tener imagen negativa, pero jamás por el espectro ideológico al que pertenecían.
Ahora debemos devolver las condiciones para generar confianza en el inversor, pero sin crisis mediante.
Pues en eso está el gobierno hoy y nadie sabe si lo logrará.
Y para que no desemboquen en una nueva locura de estatismo y déficit fiscal infinanciable en unos años, deberíamos asegurar en lo posible el compromiso de la sociedad en el plan.
Que no pase como a Menem que después de arreglar el desastre del populismo anterior con liberalismo fue condenado para toda la historia y por todos cómo un traidor a los ideales de la patria.
Para colmo tiene un flanco extraordinariamente débil, la ética u honestidad.
A los que la sociedad identifica como políticos de izquierda, es posible que les toleren un nivel de corrupción hasta límites de delincuencia capaz de competir con los narcotraficantes, como pasó con el "socialismo" Kirchnerista.
Pero a alguien que puede ser asociado fácilmente con la derecha, el margen de tolerancia se reduce un 98%.
Debe cuidar este flanco a rajatabla.
Flanco fácilmente atacable en países como el nuestro que carece de capacidad cultural para ejercer control ciudadano, y con ello la posibilidad fácil de expresarse Zaratustra toda vez que algún funcionario quiera destacar su ego mostrando riquezas, corrupción mediante, en cualquier rincón de la administración pública.
En la entrada "el fenómeno Macri" se muestra una enorme promesa para el pueblo argentino.
Y casi ya es una promesa cumplida.
Falta la pata económica, la más difícil pero si lo logra será extraordinariamente bienvenido.
Suerte Sr presidente.

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