Míralo, Zaratustra está ahí. Nadie lo ve pero siempre está (3)

Continúo la saga con la intención de mostrar la existencia evidente del instinto protagonista del blog y del libro (vea "presento a Zaratustra, el protagonista del blog y del libro", las entradas (1) y (2) de esta saga, entre otras, para conocerlo en profundidad) y cómo está continuamente ante nuestra presencia pero nadie se percata de ello.
Transcribo esta nota donde es posible observar una consecuencia paradigmática de su actividad sin que sea advertido.
Observe ...


"Generation Wealth": fotos sobre la riqueza, la fama y por qué todo el mundo aspira a ellas

La fotógrafa y documentalista Laureen Greenfield siguió a ricos y famosos durante 25 años y registró un cambio en la cultura que atraviesa edades, clases, etnias, fronteras: el deseo de tener más, mostrarlo y ser admirado por ello. Un libro y una muestra preceden a la película que produce Amazon Studios.


El American Dream aludía a un patrón de progreso que tomaba, como elemento comparativo, aunque con discreción, al vecino. La fotógrafa californiana Lauren Greenfield cree que la cultura de las imágenes causó un desplazamiento: ahora el deseo lo orientan la fama y la riqueza. Mientras preparaba su libro y su muestra Generation Wealth (Generación Riqueza) encontró una foto que le había tomado a Kim Kardashian a los 12 años y, desde luego, no se asombró.


Greenfield, reconocida por su exitoso aviso de Super Bowl #LikeAGirl (#ComoUnaNena) y su documental premiado The Queen of Versailles (La reina de Versailles), comenzó esta etnografía de lo que llama "la influencia de la afluencia" hace 25 años: "A veces conscientemente —y otras veces, de manera inconsciente— capturé señales de un cambio sísmico en nuestra cultura", escribió en el prólogo de su libro de 672 ilustraciones en color y blanco y negro.

De Minnesota a Milán, de Los Angeles a Shanghai, de Chicago a Moscú, de Orlando a Dubai, de Wall Street a Islandia, la artista ha documentado el modo en que la aspiración a la riqueza —al consumo, a su exhibición— se convirtió en el móvil social que impregna los sueños de la gente más allá del origen social, la edad y las fronteras. Su cámara registró —en más de medio millón de fotografías, que editó con la colaboración de la curadora Trudy Wilner Stack, y en otras 50.000 que sumó— esta homogeneización del deseo alrededor del narcisismo.


Un deseo a veces imposible: en una sociedad donde el 1% de la población concentra la mayor parte de la riqueza, la movilidad entre clases se ha estancado. Pero que los hay, los hay, y todo el mundo quiere ver a los ricos, y soñarlos como un espejo futuro.

"Documenté los excesos de los opulentos, la atracción de lo que hoy denominamos 'ostentación' entre los pobres y el deseo de fama y una imagen basada en el estatus que atraviesa las fronteras de clase, raza y vecindad", escribió la autora de otro libro de fotografía que se aproximó al tema: Fast Forward: Growing Up in the Shadow of Hollywood (Adelantar: Crecer a la sombra de Hollywood) de 1997. También desarrolló los proyectos Thin (Flaca) y Girl Culture (La cultura de las chicas).


Greenfield señaló con sobriedad que haber completado este trabajo en este momento tiene algo de oportuno: "Vivimos en una sociedad cuyo servidor público número 1 es un desarrollador inmobiliario y estrella de reality shows que vive en un penthouse en un piso 66 ornamentado con su nombre y decorado en un estilo Luis XIV, con el cielo raso pintado con oro de 24 quilates, paredes de mármol y columnas corintias".

A lo largo de 504 páginas (que pesan siete libras, algo más de tres kilos) se muestran resultados del gasto en cirugía plástica (que aumentó a USD 16.400 millones en los Estados Unidos, de USD 9.400 en 2005) y de la expansión del tamaño promedio de las viviendas (desde 1983 a 2013 pasó de 160 m² a 241 m²).


También hay una niña de 6 años con un vestido de USD 3.500 que se define a sí misma como "una diva"; filántropos y multimillonarios; carteras Hermès para las que hay lista de espera; un rapper con los incisivos cubiertos con una rejilla de platino y diamantes de USD 50.000; un cineasta con su Amex pegada a la frente; el "Rey de la Limousina" de Chicago; un inodoro de oro sólido que atrae legiones de curiosos en una joyería de Hong Kong; la quinceañera Ruby; una neoyorkina con su hija, su niñera y la mujer que fue madre subrogante; una empresaria china con su habitación decorada completamente con objetos de Versace; egresados del secundario que reciben el "tratamiento del Oscar" en una limo y otras encarnaciones de los valores contemporáneos, a los que la autora compara con "bailar en la cubierta del Titanic".


Por supuesto, en las imágenes hay famosos: Joan Rivers, Donatella Versace, Kendrick Lamar, Carrie Fisher, Kim Kardashian, Future, Jennifer Lopez, Karl Lagerfeld, Tiger Woods, Selena Gomez, Elton John, Imelda Marcos, entre otros.

El proyecto de Generation Wealth tiene varias plataformas: además del libro que publicó Phaidon y la muestra que se inauguró en el Espacio Annenberg de Fotografía de Los Angeles y en septiembre se abre en el Centro Internacional de Fotografía (ICP) de Nueva York, Greenfield realiza un documental —hizo, junto con las imágenes, entrevistas— que produce Amazon y se estrenará este año.

El libro, desde luego, es dorado. Su valor es modesto para su calidad, sin embargo: USD 75.


Siempre están todos dando vueltas alrededor de Zaratustra pero nunca lo ven.
Pasan a su lado, lo saludan e inclusive lo critican pero sin percatarse de quién es realmente al que se están refiriendo.
Es tan evidente en la nota transcrita en esta entrada la actividad de Zaratustra mostrando todo su potencial y las consecuencias de ello, que nunca deja de sorprenderme porqué siempre se lo saluda, se trata con él, se le saca miles de fotos, se lo filma, pero finalmente es como si estuviera detrás de la cámara, detrás del espejo, nadie se percata de su presencia.
Se inmiscuyen en la vida de "fulano", "fulanito", "menganito" y otros incontables señores o señoras y describen sus extravagancias. Extravagancias con la evidente intención, una y otra vez, de mostrarse como los mejores, los más exitosos, los más destacados, inigualables. Desean desesperadamente que todos adviertan que están allí, que su ego es el más apto, superior al resto de los mortales conocidos, pero nadie se percata de que se tratan todos de personajes que responden a su "amo y señor", a Zaratustra.
Recientemente ví la película de la historia de la gran industria McDonald's, dónde es posible percibir en toda su magnitud la enorme potencia de Zaratustra y el control sobre los individuos. No solamente es evidente que lo que moviliza a kroc, el verdadero creador de lo que conocemos como McDonald's, es Zaratustra, sino que también es posible observar su absoluta ignorancia.
Muestran en toda la película la incontenible ambición de este señor, pero definitivamente no ven a Zaratustra detrás de bambalinas conduciéndolo.
Zaratustra, aquel que parece darte y proveerte todo, cuando en realidad no hace otra cosa que lidiar para simplemente mantenerte competitivo.
¿Competitivo para qué?
Probablemente, en algún estadío de nuestra evolución, mantenerse competitivos, evitar que otros saquen ventajas o mejor sacarlas nosotros, haya sido importante para nuestra supervivencia.
El azar y la historia hizo que ésta presión instintiva degenerara en demostraciones de poder y competitividad que actualmente se traducen en contratar, para adornar una habitación, a un tal Versace.
Es tiempo de darse cuenta que el dominio de Zaratustra sobre los individuos va muchísimo más allá de mostrar un hogar de 25.000 metros cuadrados, con cuadros valiosos de un fulano que nadie sabe qué pintó o lucir una joya de 1 millón de dólares en una fiesta dónde asisten otras vanidades millonarias compitiendo por quién tiene el ego más grande.
Mucho más allá.
Tanto que muchísimas veces decide que hacemos, en que trabajamos, cuánto tiempo trabajamos, cuáles son nuestros objetivos, más un enorme etcétera.
De hecho, la enorme mayoría de los individuos ególatras que exponen sus vanidades a través de yates enormes o coches de super lujo o imágenes en Instagram frente a montañas de dinero (como un conocido ex boxeador) o un interminable etcétera, son generalmente los que toman las decisiones más relevantes en nuestro sistema económico (CEOs, innovadores, emprendedores, políticos, ...).
Decisiones que confluyen finalmente en la meta común a todos ellos, destacar su ego.
Y destacando egos se desemboca inevitablemente en el capitalismo, nada más y nada menos.
Zaratustra está en la definición misma del capitalismo y sin embargo nadie lo conoce.
¿No representa al capitalismo acaso la expresión: "egoísta ambición por obtener ganancias que finalmente redunda en beneficio para todos"?
La "egoísta ambición" es Zaratustra, no tenga la menor duda.
¿No es evidente la necesidad de conocer en profundidad este mecanismo instintivo cuya actividad finalmente termina dando forma a nuestra organización social y económica?
¿Qué duda cabe?
Navegue por las entradas del blog y lo conocerá en profundidad y verá y comprenderá nuestra sociología, política y economía desde una posición muchísimo más elevada que en la que observan los demás.

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