Míralo, Zaratustra está ahí. Nadie lo ve pero siempre está (2)

En este segundo capítulo de la saga, transcribo esta columna de opinión de un periódico argentino dónde puede observarse al autor ante la presencia del complejo Zaratustra, pero definitivamente, como sucede con todos, no lo ve.
Logra descubrir que la razón trabaja activamente para nuestros instintos o pulsiones, esa razón que denomino instrumental a diferencia de la razón pura, y que a través de varias entradas intento transmitir su funcionamiento e importancia distinguiendo claramente las dos maneras en que se expresa.
Cuando lo hace bajo el mando de nuestras pulsiones o emociones como excelentemente explica el columnista (razón instrumental) y cuando lo hace libre de toda presión o injerencias (razón pura).
Sin embargo, al desconocer al complejo mecanismo instintivo protagonista del blog y del libro, el autor lejos está de descubrir su tremenda relevancia y los errores en que puede caerse por ignorarlo, fundamentalmente en nuestra organización social, económica y política.
Es extraordinario observar como éste eficiente instrumento logra los objetivos de nuestros primitivos instintos, muchas veces útiles, pero muchas otras destructivos.
Destructivos porque la civilización cambió tanto nuestra forma de vida que instintos que alguna vez fueron esenciales para nuestra supervivencia, hoy muchas veces no lo son y si desconocemos a Zaratustra, ignoraremos siempre consecuencias negativas derivadas de su actividad.
Evitarlo es el objetivo del blog.
Aunque siempre vale aclarar que nunca debemos intentar abolir su actividad.
Veamos.

El corazón decide y la razón justifica
¿Cómo tomamos decisiones? ¿En qué momento los sentimientos dejaron de estar en el primer plano?

Dr. Daniel López Rosetti
MIÉRCOLES 06 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Hay una afirmación que me gusta hacer siempre cuando me toca abordar un tema que relaciona la razón, la emoción y los sentimientos; es la siguiente: "no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan". Efectivamente, lo que quiero decir con esta afirmación es exactamente eso, no somos racionales como habitualmente solemos presentarnos. La evolución de nuestra especie tiene cuatro millones de años. Pero la razón, el conocimiento, el pensamiento, el lenguaje, la capacidad mental de la abstracción, todas ellas, entre otras funciones cognitivas, son un fenómeno relativamente reciente. Diría que se tratan de funciones recientemente llegadas a nuestra historia evolutiva. Quiero decir que quizás de esos millones de años de evolución, los fenómenos relacionados con la actividad cognitiva, tal cual hoy la entendemos, tiene quizás, apenas 50.000 años. Tal vez sea en ese momento en el que se produjo lo que denominamos la explosión cognitiva. Pero el resto de cientos de miles y millones de años nos han acompañado desde el inicio de nuestra especie la emoción y los sentimientos. Esto no está ni bien ni mal, simplemente es así.
Cuando tomamos una decisión, inexorablemente las emociones y sentimientos juegan un rol determinante. Esto no significa en lo absoluto que no debamos buscar una adecuación y un equilibrio dinámico entre nuestras emociones y sentimientos con nuestra razón. Lo que no debemos, es sobrevalorar la razón. La verdad es que la mayoría de nuestras decisiones, ya sea desde las más pequeñas que tomamos durante el día hasta las más importantes, se encuentran tapizadas y cuando no, se ven determinados por nuestras emociones y sentimientos y que muchas veces la razón termina por darles forma de manera que puedan ser presentadas a nuestro entorno social.

Lo que quiero decir, es que muchas veces nuestras decisiones son básicamente emocionales y la razón, hace las veces de una "oficina de prensa", que intenta explicar desde la óptica de lo racional el porqué de nuestras decisiones básicamente emocionales. De tal suerte le damos forma a nuestras emociones para que intelectualmente sean entendidas, interpretadas y comprendidas por el entorno como si las mismas hubieran sido la resultante de un proceso complejo de razonamiento. Simplemente no es así en la mayoría de las oportunidades. Quiero dejar bien en claro que en ningún momento estoy diciendo que la razón no deba jugar un papel importante y capital en nuestra toma de decisiones. Simplemente estoy llamando la atención acerca de que en el proceso decisorio nuestras emociones y sentimientos resultan ser esenciales. Se trata de buscar un sano equilibrio.

Es justamente a ello cuando me refiero a que "el corazón decide, y la razón justifica". Es así y en esa misma línea es cuando enfatizo con el solo objeto de llamar la atención y promover la reflexión al respecto de que "no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan", que claro está no es lo mismo. Ahora bien, cuál es la importancia práctica que podemos dar a esta afirmación. Créame que hay muchas vertientes, perfiles y matices que se abren como abanico de posibilidades respecto a esta temática. Por hoy, quisiera enfatizar una y es la siguiente: cuando tome una decisión evite una exageración en el proceso "racional". Busque en la medida de lo posible un sano equilibrio. Considere, que en cualquier decisión se deben respetar los millones de años durante los cuales nuestras emociones y sentimientos sentaron las bases en lo profundo de nuestra personalidad. Es decir, es frecuente escuchar un consejo que dice "pensalo bien". Yo en cambio, sugeriría casi en las mismas circunstancias aconsejar un "sentilo bien". Mi intención es invitar a la reflexión sobre las bases emocionales que determinan nuestros deseos y que en tanto ello, tales como deseos motivaciones o sentimientos, resulta difícil contradecir, por lo menos en forma sostenida en el tiempo.

Diría en consecuencia como síntesis de esta columna y atreviéndome a sugerirlo, "nunca decida algo que vaya en contra de sus emociones y sentimientos".

Recuerde: "no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan"


La columna es exelente y describe con claridad la incidencia de nuestras emociones o instintos en la actividad y funcionamiento​ de la razón, pero al desconocer a Zaratustra, comete un error cuando llega a la conclusión con la frase "nunca decida algo que vaya en contra de sus emociones y sentimientos".
En la actuación política del homo sapiens sapiens, al menos en latinoamérica, sin duda alguna muchas veces debe ser al revés "nunca decida algo que vaya a favor de lo que pretenden sus emociones o sentimientos".
A menudo, necesariamente debemos guiarnos por lo que decide la razón libre de las presiones a las que nos someten nuestras emociones o nuestros impulsos o instintos.
Me explico.
Uno de nuestros primitivos impulsos es aquel que busca destacar nuestro ego, hacernos sentir competitivos, superior a los demás y si logramos la meta que busca este mecanismo de supervivencia, nos brinda la sensación de placer, de "deber cumplido" mediante liberación de endorfinas euforizantes.
Pero si nos percatamos que otros nos sacan ventajas, este mismo sistema nos presiona para que evitemos estar en desventajas, evitemos sentir emociones de inferioridad.
En psicología, este mecanismo se logra a través de lo que se conoce como "la descalificación".
Que no es otra cosa que descalificar al supuesto superior a nosotros destacando eventuales defectos o debilidades de aquél que parece superarnos (generalmente el ámbito comprometido es el económico) o bien resaltando virtudes nuestras que supuestamente el que parece verse superior no posee.
Por ejemplo, mediante el razonamiento conducido por estas emociones expresado a través de la frase "tiene dinero pero es un corrupto" (descalifica al que se ve más rico y resalta una virtud propia, la honestidad).
Una vez puesto en práctica este mecanismo y logra el objetivo buscado, nuestra vida continúa en un sano equilibrio emocional.
Como los menos afortunados económicamente en todas las sociedades son siempre muchos más que los afortunados, en política éste primitivo mecanismo instintivo nos lleva mayoritariamente a que la razón conducida por las emociones, como bien lo describe el autor de la nota (la denomino razón instrumental), priorice definitivamente cualquier idea que prometa la distribución de la riqueza, conocidas con el genérico nombre de socialismo.
Por eso, a pesar de las tremendas experiencias sufridas, los latinoamericanos insistimos en priorizar toda vez que se pueda, a partidos políticos con estas tendencias ideológicas.
Lamentablemente, en Latinoamérica  nuestra cultura cívica impide cualquier posibilidad de éxito de las políticas socialistas (peronistas, chavistas, lulistas, priistas, etc) y el resultado inevitable de todos estos intentos guiados por nuestras emociones o impulsos ayudados por la razón a su servicio (o instrumental), terminan en nuestros conocidos, destructivos y archicorruptos POPULISMOS.
No siempre debe nuestra razón hacer caso a nuestras emociones.
Vale aclarar nuevamente, que aunque muchas veces es necesario evitar seguir los consejos de nuestros instintos a través de la razón instrumental, jamás debemos buscar la forma de abolir su función, porque en ese caso inevitablemente caeremos en las utopías (como la comunista que intenta abolir el instinto de competencia, a Zaratustra).
Solamente podemos regularlo, modularlo y adaptarnos a sus exigencias y aprovechar sus facetas útiles y evitar las que dañan.
Cuidado, mucho cuidado.
"El verdadero progresista"
"Míralo, Zaratustra está ahí. Nadie lo ve pero siempre está (1)"
"Colectivismo y cultura individualista"
"El comunismo y su enemigo imbatible"

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