Buenas costumbres II ¿Buena o pésima noticia?




En éste blog se insiste en la crucial importancia de la cultura cívica para el buen funcionamiento de las instituciones y con ello, el éxito de las políticas que los gobiernos se propongan. Dejando incluso en segundo orden de importancia las ideas económicas que se pretendan utilizar (siempre que no se acerquen demasiado a la utopía comunista).
Dicho esto vamos, antes de continuar el post, con la nota transcripta de un medio de comunicación que nos informa sobre una prueba piloto en la ciudad de Rongcheng donde se puntúa y castiga o premia a los ciudadanos de acuerdo a su comportamiento cívico y más descriptivo aún el vídeo ofrecido arriba que ayuda a comprender mejor en que consiste esta nueva iniciativa del régimen chino.
Observe:


Por Jorge Bossio (jbossio@gmail.com)
La noticia básica sería que en mayo de 2018, China inauguró un nuevo método de control social destinado a premiar y castigar a los buenos y malos ciudadanos. Esto que aparenta ser una manera de promover la excelencia ciudadana esconde, “debajo de la mesa”, intenciones de control y seguridad interna.
Este sistema parece querer restaurar, como en la antigüedad, una nueva sociedad de clases que los países, todavía democráticos, pueden tentarse a copiar. Como marcaba Huxley en “Un mundo feliz” en donde se terminaba con la anarquía internacional creando un Estado mundial omnipotente que, mediante la perfecta división de clases, conseguía la “paz perpetua”. Pan y circo, adecuados para cada estrato social para evitar todo cuestionamiento político.
China es una civilización antigua que siempre ha confiado en un poder centralizado para pacificar y dirigir todo ese tremendo territorio. Políticamente recurrió al “Mandato del Cielo” como una herramienta para actuar y lograr sus cometidos. Eso fue en la época del imperio, pero la China actual sigue ese método.
Antes de poner en marcha este sistema, usaba la censura como herramienta cuando surgían alternativas de pensamiento o acción.
Pero vayamos a graficar cómo funciona este nuevo “control social”. Personas y empresas empiezan con mil puntos, que se traducen en un sistema de calificación de la A a la D. Los puntos se añaden por servicios a la comunidad, comportamientos excepcionales y premios recibidos. La resta puede producirse por desde no cederle el paso a los peatones—algo increíblemente común en Asia— hasta retrasarse con el pago de las facturas o tener una multa de tráfico.
Gracias al nuevo método puesto en marcha, el Estado recibe y gestiona grandes volúmenes de información obtenida en colaboración con bases de datos policiales e instrumentos de alta tecnología, como las gafas de reconocimiento facial. Los recoge indiscriminadamente y sin autorización previa no solo mediante lo perceptible e identificable— saber quién es el culpable de romper cierta ley—, sino también mediante la potencial colaboración con el sector privado, incluidos gigantes como Alibaba.
La prueba piloto se realizó en la ciudad de Rongcheng y de resultas del mismo 169 personas perdieron el derecho a viajar dentro y fuera del país por su baja puntuación. Otras consecuencias son la denegación de reservas en los mejores hoteles, no poder solicitar ciertos empleos, impedir que los hijos vayan a las mejores escuelas o quedarse sin mascota.
Podemos añadir otro control con los anteojos de reconocimiento facial, conectadas a las bases de datos policiales para acelerar el reconocimiento de vehículos y personas sospechosas.
Este es el dilema que una sociedad democrática tiene que debatir. Porque juega con dupla de seguridad y privacidad, que venimos discutiendo desde hace mucho. Casos como el escándalo de Facebook, que precipitó la aprobación de una nueva ley de protección de datos europea, evidencian los riesgos a los que los ciudadanos se encuentran expuestos.
Porque ya no podemos confiar en que se trata de libros o novelas de ciencia ficción, porque la realidad la ha superado ampliamente y parece no detenerse.
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Es evidente que se parece más a un sistema de control social de la dictadura China que a un plan de desarrollo, sin embargo puede que no sea tan así.
En el post "La Nueva Guerra Fría. Desarrollo vs Subdesarrollo. Occidente vs Oriente. Posmodernidad vs Medievo" advierto sobre el evidente peligro del avance chino en la geopolítica global con el riesgo asociado de caer bajo el control de ésta nueva potencia que podría transformarse en hegemónica y dominante en unos pocos años.
Sin embargo, también destaco que ante la improbable pero no imposible posibilidad de que China imite los pasos dados por Japón, Corea del Sur o Singapur, es decir, que logre alcanzar el status de país desarrolado, estaríamos ante las puertas de una nueva era mundial dada la magnitud de la población China que llevaría a que la proporción de ciudadanos del mundo desarrollados sea globalmente mayoritaria y más importante aún, que las potencias hegemónicas pertenezcan todas a este privilegiado club.
Este fenómeno social abriría tal vez las puertas al fin, o al inicio del fin al menos, de la prevalencia de la Realpolitik en la política mundial (recordando que Realpolitik no es otra cosa que la política global conducida por la primitiva ley que nos advierte que el más fuerte es el que manda y responsable absoluto de todos los conflictos pasados, presentes y futuros de la humanidad).
Pues bien, si observamos lo que pasó en Singapur, esta iniciativa china no dista de ser algo similar con distintos modos.
El castigo severo desde la dictadura de Lee kuan Yew a quienes transgredían las normas más elementales del buen comportamiento cívico llevado a niveles extremos en muchos casos ha demostrado ser eficiente para transformar una sociedad sumida históricamente en el descontrol y miseria más absoluta a una de las más organizadas y prósperas del mundo. Singapur es lo que es hoy fundamentalmente por la capacidad y conducta cívica de sus ciudadanos y con ellos, en consecuencia, también de sus gobernantes. Pueblo que antes era imposible ser gobernado si no era a través de la coersión dura y primitiva, actualmente los gobernantes deben adaptarse a la moderna y civilizada sociedad singapurense si pretenden ocupar ese lugar de privilegio. El cambio es fenomenal. Y para bien sin ningún margen de duda.
Si bien hoy puede asumirse esta iniciativa china como una política destructiva para las aspiraciones de libertad a la que toda sociedad que se considere digna debe aspirar, paradojicamente es muy probable que la construcción de una sociedad acostumbrada al buen comportamiento ciudadano, se vuelva consciente de su enorme importancia y utilidad para la buena organización social, el progreso y para aspirar finalmente al desarrollo. Consciencia social que sin duda alguna, más tarde o temprano, hará exigeble a los gobernantes la misma actitud que la de ellos, y hacia ellos. La presión popular por un gobierno honesto y que respete los derechos humanos será infinitamente superior a la actual. Exactamente la misma presión social que actualmente ejerce a diario la ciudadanía de Hong Kong hacia la dictadura China acostumbrada, por la influencia Cultural anglosajona, a un comportamiento cívico mucho más parecido al de los europeos que a los de sus vecinos y hermanos continentales.
Si el régimen dictatorial chino está advertido de éste riesgo y aún así insiste en este plan, es de caballeros reconocerles mérito. Si así no fuera y solamente se trata de reforzar la capacidad de control de la libertad ciudadana, pues además de criticable, bueno sería recordarles que puede que les "salga el tiro por la culata". Trasladarán probablemente el fenómeno social y político de Hong Kong a todo el territorio chino.
Es probable y ojalá así sea, que el régimen del partido comunista chino haya advertido lo que en éste blog no me canso de insistir, en que el comportamiento social consistente en el simple hecho de tener una enorme mayoría de ciudadanos cumplidores de las normas, reglas y leyes es lo que determina el éxito o el fracaso de los pueblos. Todo lo demás es secundario y no es posible progreso alguno si no se cuenta con este requisito fundamental.
Y para los detractores del sistema dictatorial de China, demás está recordarles que más allá de que lógicamente se discrepe con cualquier sistema dictatorial, también es cierto que la cultura cívica del pueblo chino actual hace prácticamente imposible la posibilidad del auto gobierno en Democracia. El caos sería prácticamente inevitable. Las posibilidades de desarrollo serían al menos igual de lejanas que con el sistema actual.
Pero como es costumbre en China, planifican siempre a largo plazo y tal vez, solamente tal vez, exista la expectativa de que el gobierno pretenda con este sistema de premios y castigos construir un comportamiento cívico positivo y con ello una transformación Cultural. Lenta, pero continua hacia un comportamiento ciudadano compatible con el desarrollo político.
Si éste es el plan y el éxito lo acompaña, con seguridad cambiará también la propensión actual de los ciudadanos y en consecuencia también la de los gobernantes toda vez que las intenciones y los proyectos de los gobiernos dictatoriales o no son el reflejo de las presiones sociales. La propensión a la actitud de eterna defensa de la dignidad étnica conducidos por el resentimiento producto del eterno fracaso ante los ojos de los países dominantes seguramente será reemplazada por la tendencia a ver objetivos más racionales como la de analizar y evaluar de qué manera es posible avanzar hacia un sistema político y económico más desarrolado dejando atrás iniciativas basadas en emociones y pasiones reivindicativas. La tendencia al sentimiento de una necesaria reivindicación ante el mundo mostrándose ante los demás tan poderosos e influyentes como cualquier Nación digna merece ser reconocida, que se es igual o superior a cualquiera, que el mundo merece ver que ese antaño tranquilo, sumiso y dominado pueblo chino durante siglos, no fue más que un período pasajero de debilidad y por tanto merecedor de hacer ver al mundo cuan magnánimo son y de lo que todos deben estar advertidos para no cometer de nuevo el error de menospreciar la capacidad de su milenario y otrora poderoso pueblo, será reemplazada por otra actitud radicalmente distinta e infinitamente más provechosa tanto para el pueblo chino como para la comunidad mundial. Reemplazada por la de centrar toda la atención en el desarrollo social, económico y político en cooperación incluso cuando sea necesario con el resto del mundo toda vez que el objetivo reivindicativo quedará seguramente en una bolsa de residuos llena de pasiones primitivas, decadentes y por cierto en extremo peligrosas para la estabilidad global. La propensión por hacer de las instituciones, la racionalidad, sus guías y con ellas paso a paso preocuparse por alcanzar algún día el progreso y desarrollo será su nueva realidad. Mostrar al mundo una verdadera capacidad de ser tan exitosos como todos los desarrollados dejando atrás el uso de heridas de guerra y la disposición a pelear ante cualquiera y dónde sea como muestra de su condición de igualdad ante los demás como energía movilizante será reemplazada por otra cuya fuente de energía se apoye en la racionalidad institucional.
Es justamente ésta fuente pasional de energía la que utilizan los países subdesarrollados que debe alguna vez por todas dejarse atrás. Fuente a la que recurren una y otra vez los pueblos incapaces de darle  racionalidad a sus objetivos políticos resignados a recurrir a las pasiones para aportar un elemento de cohesión y amalgama a la sociedad y evitar su disgregación y caos.
¿No es acaso ésta actitud la preponderante en la política exterior de países como Irán, Rusia y China?
¿Y no son acaso otros diametralmente opuestos los objetivos de los países desarrolados donde los resentimientos y necesidad de autoimponerse en el escenario global para ser reconocidos quedaron en el olvido?
Un canciller danés se preocupa por ver que impere la racionalidad en la política global para asegurar que el Estado de Bienestar continúe siendo posible mientras que un canciller iraní busca las contradicciones que hagan posible sus intenciones primitivas de conflicto y empoderamiento fantasioso.
Y el canciller danés no hace otra cosa que reflejar las intenciones de sus ciudadanos mientras que lo mismo hace el iraní ¿Acaso creen que en su intimidad los gobernantes iraníes se creen realmente la fantasía reivindicativa de la posesión de armas nucleares como elemento útil para el desarrollo del país? Recurren a este artificio pasional para dar cohesión a la voluntad popular y evitar la disgregacion. Sin duda alguna no es más que una herramienta política que da estabilidad a la casta gobernante y a ello se atienen toda vez que sus propios intereses están también condicionados por sus pasiones e instintos de poder.
Nuestra naturaleza humana determina que el camino sea uno o el otro dependiendo del nivel de desarrollo de la cultura cívica alcanzada. Una Cultura retrograda solamente puede utilizar como método reivindicativo y de unidad colectiva la prepotencia y la competencia sin racionalidad alguna. Mientras que una Cultura cívica progresista y desarrollada, sin dudas aspira a un verdadero progreso dejando atrás resentimientos para concentrarse en verdaderos objetivos de crecimiento moral, político y económico. Y si de algo se preocupa en el plano internacional, es de las locuras pasionales que puedan venir desde esos lugares. De Irán, de Corea del Norte, de Rusia y su eterno nacionalismo expansivo, de China y sus evidentes intenciones reivindicativas recurriendo a lo que sea detrás de ese objetivo.
Y reitero, si ésta es la intención del régimen chino (no una simple profundización de la coersión) y tiene éxito, la humanidad estará ante las puertas de una Nueva Era. 
La competencia sin tregua, la desconfianza mutua "asegurada", los nacionalismos defensivos, los ataques abiertos o encubiertos, la lucha por la supremacía, las alianzas defensivas, o de ataque, la guerra de influencias sin descanso, más un largo etcétera que caracteriza a la política internacional actual podríamos comenzar a dejarlas atrás en un pasado para el olvido (la que tenemos desde que existen registros de nuestra historia dicho sea de paso -ver "Progresamos o solamente vamos trás nuestro inevitable destino"-).
Tendríamos para empezar, como ejemplo simple y fácil de entender , una verdadera ONU. 

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Comparto, para terminar, dos notas, la primera para estar alertas al objetivo más temido y del que firmaría parte de esta estrategia la prueba piloto motivo del post y la segunda, una nota de un reconocido medio a propósito de la tendencia pasional que alguna vez los países subdesarrollados deben dejar atrás reemplazandola por una predisposición al progreso institucional y racional dejando atrás ansias reivindicativas que solamente pueden conducir a conflictos que a menudo escapan al control racional de los hechos de consecuencias nefastas.

¿Qué quiere China realmente? Dominar el mundo

https://www.infobae.com/america/mundo/2020/05/21/que-quiere-china-realmente-dominar-el-mundo/


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